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Bonny is coming!

  • sep 11, 200711:38h
  • 4 comentarios

Todavía los ingleses siguen llamando “Bonny” a Napoléon. Al más formidable enemigo que Inglaterra haya conocido jamás le fue endilgado el despectivo chiqueo tempranamente, cuando era Primer Cónsul. También fue entonces que Albión comenzó a fraguar la leyenda negra sobre el Emperador.

“What are the French doing?”, le oigo decir a un inglés. “ Oouh, Bonny rallies the Frogs”, se le responde. Ha dicho “frogs” —el nombrete despectivo de los ingleses para con los franceses, aludiendo a que comen ranas— y no puedo evitar reírme. No me importan las burlas, lo importante es que “Bonny is coming!”. Napoléon habría invadido Albión con gusto e hizo los preparativos necesarios para ello, pero en eso la Segunda Coalición se presentó contra Francia, lo cual acabó en su más bella victoria, la de Austerlitz. De manera que ahora nos toca hacer realidad lo que nunca fue. Pero, ¡espanto!: para ello hemos tenido que entrar en Londres por una estación de trenes que se llama Waterloo. Como si fuésemos vampiros ante la vista de ajo, nos tapamos los ojos para no ver dónde nos deja el Eurostar.

Lo interesante es que han sido los napoleónicos ingleses quienes nos han invitado a la invasión. Han constituido sus regimientos franceses desde hace muchos más años que nosotros y muestran un celo que describiríamos con aquello de “ser más papistas que el Papa”, si no fuera porque Napoléon y el Papa son una pareja ferozmente antagónica. (Recuerdo que el Corso fue quien tomó prisionero a uno de ellos y lo humilló con el asunto de su coronación, lo cual no impidió que inventara el viaje papal luego reinvindicado por Juan Pablo II.) Los ingleses “franceses” se emocionan más que nosotros en el campo de batalla. No se trata para ellos de que la refriega sea una manera de apropiarse de un pasado con el que se identifican, sino que es su presente. Y no se desprenden del personaje. La contienda finaliza, y a pesar del calor agobiante de finales de agosto en la campiña inglesa -¿quién dijo que en Albión llovía?- no se quitan los guantes de piel, los “colback” de pelo de oso y toda la parafernalia reglamentaria. Continúan con su rol en el vivac, la expresión reflexiva y adusta. La reconstrucción no es un juego, pero para los amigos británicos es lo real mismo. Un oficial recrimina con una seriedad que no es impostada, como tampoco lo es la minuciosidad con que somete al regimiento de artilleros de la Guardia Imperial. Hay que hacer estrictamente lo que se hacía 200 años atrás, y en la manera típicamente british del “understatement” un oficial dirá que “ustedes los franceses no saben más que nosotros”. Hacer lo que se hacía 200 años atrás significará, entre otras cosas, arrastrar un cañón de una tonelada de peso en el espacio de un kilómetro, ida y vuelta, durante tres días consecutivos, con sólo seis hombres. “¡Oouh!, se entusiasma un historiador de la artillería napoleónica exacto a Harry Potter, “esto prueba mi teoría de que si bien los manuales de la época mencionan que este cañón era siempre arrastrado por catorce hombres, también podía serlo por seis en la ausencia de efectivos”.

Nos intriga tanta pasión por parte del “enemigo”. Preguntamos. “Napoléon hizo tantas cosas por el bien de Europa e incluso de Inglaterra que uno tiene que estar de su parte”. Sí, de acuerdo, pero, ¿y qué pasa con el resto de sus compatriotas?. Los ojos se les humedecen. “Ay, no nos entienden. Ni siquiera nos consideran excéntricos. Sólo con ustedes podemos sentirnos a gusto”.

A los ingleses “ingleses” tuvimos que enfrentarnos en tres ocasiones. En la primera, el pérfido adversario le hizo honor a su fama lanzándonos cohetes de madera —lo cual está prohibido, pues pueden hacer daño—, pero resistimos estoicamente y ¡ganamos!. Las restantes dos batallas, pese a que nuestras maniobras fueron mucho más efectivas, concluyeron en “match nulo”, porque como decían en el ejército de Napoléon (el verdadero), los ingleses son inmortales. Les caes arriba con todas las fuerzas, y ellos se mantienen incólumes, dispuestos a tomar su “five o’clock tea”.

De regreso al Continente, en la aduana quieren impedirnos salir con las armas. ¿No será una estratagema para retenernos y enviarnos prisioneros a Santa Helena?. “Elijan: o salen en el tren que les asignaremos, con sus armas en un vagón especial, escoltado, o las perderán para siempre”. Hay que acatar el dictum, pues lo primero para un soldado es su arma. La despedida es elocuente: “Better you go, you… napoleonics”. Después de todo, nos hemos pasado cuatro días cantando en su tierra: “Et merde au roi d’Angleterre qui nous a declaré la guerre”.

El fenómeno de la reconstrucción militar –en el que los ingleses, ese pueblo guerrero por excelencia, son verdaderos pioneros- refleja lo que el historiador Eelco Runia ha teorizado como la “presencia del pasado”: existe una necesidad de éste, en tanto el problema de la continuidad y la discontinuidad de la historia sólo se resuelve por medio de una identificación con ella. Lo único que pido es que de aquí a doscientos años no haya fanáticos que escenifiquen el desembarco del Granma o la batalla de Santa Clara.

PD: Las fotos, aquí.

Isis Wirth
Munich

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4 respuestas
Comentarios

  • Anonymous dice:

    Eelco Runia, es un seudónimo?

  • Anonymous dice:

    Otro delirio napoleonico.

  • Isis dice:

    Mano, me he reído mucho con tu comentario: ¡si los ingleses hubieran saltado como ranas, hoy los ingleses serían franceses!. Tienes razón.
    Y sí, Bonny era italiano…
    Saludos,
    Isis

  • La Mano Poderosa dice:

    Isis, es que los ingleses ni tienen fama de buen vino o cocina. “Bonny”, le llevo a los franceses algo de los italianos tambien. Pero eso de las ranas debe de haberle dado miedo a Wellington, por que si hubieran saltado como ranas, hoy los ingleses serian franceses.