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El derecho a consumir

  • ago 30, 200710:24h
  • 15 comentarios

En un artículo publicado en el Papel Periódico de la Habana (1790-1805), sobre los hábitos de consumo en la colonia, José Agustín Caballero se lamentaba de “la confusión” en el vestuario apreciable en nuestro país. Ya que “los adornos y trajes que estaban establecidos para diferenciar las condiciones, al presente sirven para confundirlas.” Decía: gracias a esto hoy “no se distingue el noble del plebeyo, el rico del pobre, ni el negro del blanco. Regularmente se necesita mirarles a las caras para no equivocarse por el vestido.” Con este lamento, el autor de Filosofia electiva, le recordaba a los negros y a los pobres que tener dinero no quería decir que podían gastarlo como quisieran. Que “la ley y tu propia conciencia”, debían decirle al “negro atrevido, [a]l mulato insolente, y [a]l plebeyo engreído” que no podían vestirse como un señor.

Caballero escribe esto en uno de los momentos de mayor auge económico en la isla, cuando florecía el tráfico de esclavos y la bonanza para los negreros y esclavistas. Se entiende entonces que su preocupación sea la del amo que insiste en marcar las diferencias, vigilar, autorizar y condenar a sus súbditos para que no se “confundan” con el resto.

Más de dos siglos después, el problema en Cuba sigue siendo el mismo: la libertad del consumo y la ostentación en público de lo que se tiene. ¿Por qué la retórica oficial del momento le echa la culpa al dólar de haber creado diferencias sociales? ¿Acaso no siempre las hubo? Con su campaña contra los “macetas”, los “bisneros” y los cuenta-propistas, el gobierno trata de asegurarse de ser el único que puede comprar lo que desea, y de mostrar en la calle su “valor” en términos ideológicos y materiales. En otras palabras, que los “nuevos ricos” no se confundan con la elite del país que representa al Estado.

Esto, desde luego, no es nuevo. Desde que triunfó, la revolución enfiló sus cañones contra los antiguos burgueses, primero, y contra los que recibían dólares de los EE UU, después. Pero cuando creyó que había acabado con ambos, llegó la comunidad cubana en el exterior, y más recientemente los macetas. Es decir, un ejército de consumistas y partidarios de la libre empresa que le disputan al Estado su derecho a explotar el mercado nacional. Sólo los funcionarios del Estado pueden vestir sus trajes de piel en París, montar en carros soviéticos u alemanes, ir de visita a los más hermosos balnearios en Cuba o en el extranjero, o ser tratado en el “Cira García,” el hospital de los digentes y familia del Estado cubano. El resto debe conformarse con la “pobreza irradiante.”

Por este motivo llama la atención que en el momento en que otros grupos, que no son los deudores del Estado comienzan vestirse tan bien como ellos, empiezan a tener los mismos beneficios, “adornos y trajes” que los de la clase dirigente (embajadores, ministros, altos funcionarios del Estado y empresarios de negocios mixtos) el gobierno hable con amargura de “diferencias”, y “desigualdades”. Porque ya no es tanto que el negro o el cubano de “a pie” no tenga acceso a las mercancías y a los dólares. La cuestión ahora es una cuestión de rango y de derecho penal a comprar lo que les viene en gana. Contra esa pequeña clase que exige el derecho al consumo y la libre empresa, y que seguramente serán los que tengan el pie delante en un cambio político u económico en la isla, es contra quienes el gobierno ha enfilado de nuevo sus cañones.

Jorge Luis Camacho
South Carolina

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15 respuestas
Comentarios

  • Solabaya dice:

    Alberto, creo que has entendido mal el articulo. El consumo es un “derecho” en la medida que tu eres libre y deberias poder hacer con tu dinero (fruto de tu trabajo) lo que quisieras. No es una justificacion de ningun regimen. El gobierno de Castro II se dio cuenta de esto, y ha permitodo ahora que el cubano “consuma” algunas cosas que les eran vedadas. Sobre todo, efectos electrodomesticos. Ademas, en este mundo postmoderno, sin ideologias, el consumo es lo unico que va quedando (Canclini dixit).

  • Alberto dice:

    Hola amigos!

    Estoy totalmente en desacuerdo con todos vosotros.

    El derecho a consumir NO debe ser la base para justificar un sistema político. Mucho menos cuando dicho “derecho” deja de serlo cuando se enuncia de tal manera. Siento decir que solo en Cuba, consumir es un derecho, en el resto del mundo es un privilegio, del que se dispone o al que se aspira.

    La diferencia es simplemente en que los privilegios NO son universalizables.

    ISIS dice “En el derecho al consumo radica la base de la civilización, en un plano abstracto y al mismo tiempo concreto. La cultura europea logró un milagro: dar de comer y vestir con suficiencia a la mayoría de los seres humanos, cuando lo normal de esta condición siempre ha sido el hambre y la miseria.”

    La base de la civilización no radica en EL CONSUMO, ni en el plano, abstracto, ni en el concreto. La civilización se basa en la construcción de relaciones culturales dentro de grupos humanos que comparten rasgos de identidad común.

    La cultura europea si logró un milagro, que fué destruir culturas y pueblos en pos de un ideario NO UNIVERSALIZABLE. Estos privilegios han costado muy caro al resto del mundo y es indigno e inmoral justificar regímenes en su nombre.

    Si quieren un Cuba libre (yo también), entonces deberían comenzar eliminado la raíz del problema, que no es ni más ni menos que la amenaza que se cierne sobre la Isla. EEUU.

    Cuba necesita muchas cosas cosas para ser libre, pero necesita que haya dos que desaparezcan. La dictadura cubana y la amenaza fascista americana.

    Un saludo

  • machetico dice:

    Carros sovieticos serian muy viejos para los mandantes hoy en dia, Camacho. Tendrian al menos dieciseis anos, pues dejaron de producirse en 1991. Debe haber pasado lo mismo con los ya mentados Poljot (vuelo, en bolo): deben haber volado. Un abrazo, pisatiel.

  • Anonymous dice:

    Troglo: Frankly te la puso en China.

  • Frankestain dice:

    Troglo, hermano, dinos por favor a donde van a murir los dinosarios, y su crias!! Tu, que tienes la luz, danosla, please!

  • Troglo dice:

    Pueden citar cualquier otro hospital como CIMEQ, pero lo que dije (lean bien, coño) fue que el Cira Garcia no es precisamente la clinica donde va la jerarquia. Tienen informacion vieja,pan de Haller. Tok

  • La esposa de Treck dice:

    “No solo hoteles, aqui les presento al hospital “Cira Garcia,” prohibido para cubanos del pueblo.”

    http://secretoscuba.cultureforum.net/Otros-Temas-c6/Preguntas-y-Respuestas-f21/hoteles-p1672.htm

  • Star Treck dice:

    Troglo aqui va la tuya:

    “Ejemplo de esos hospitales he de señalar el CIMEX que tiene una sección reservada para los dirigentes y militares de alta graduación exclusiva. El “Cira Garcia” y el “Hospital Hermanos Almejeira” tiene además de una sección para dirigentes varios pisos dedicados exclusivamente para turistas.

    http://www.psrdc.org/archivo/notas48.htm

  • Caminante dice:

    En efecto, una buena estocada.

    Adolece sin embargo -que no le hace- de un aspecto que yo considero de relevancia: El control de la conducta a través del centralismo económico: la necesidad del ciudadano de plegarse abúlicamente a los requerimientos ideológicos para sustraerle migajas al estado todo-poderoso.

    Casualmente, hoy tocaba el tema, a propósito de la censura cultural. Grosso modo, insistía en el papel de la centralización económica como parte indispensable de los mecanismos de control político. Por eso la alergia de la cúpula gubernamental ante todo tipo de consumo generalizado, o de fuentes de ingreso alternativo, puesto que minimizan su poder de influencia.

    Artículos como este, sustentan la consistencia de Penúltimos. Mi enhorabuena.

  • Troglo dice:

    El Cira Garcia no es precisamente la clinica donde se tratan los jerarcas. Estas perdido en el llano, Camacho. El consumo es siempre un problema cuando no hay produccion, por eso la gente tiene que inventar para saciar su sed. El consumismo es otra cosa: consumismo pantalon, consumisma camisa, etc. Tok

  • Jorge A. Pomar dice:

    Clarividente, lúcido artículo. Camacho. Has puesto el dedo en la llaga: el libre comercio es la matriz de los tiempos modernos. En todos los sentidos, o sea, aparte del sociopolítico strictu senso, también en el urbanístico, cultural, recreativo, sexual, etc.

    Valga la perogrullada, porque de veras que nos hace falta pisar con pie plano en vez de con las sofistiquidas zapatillas de ballet de tantos diz que historiadores.

    Sin libertad para comerciar no hay progreso ni vida moderna, que no por gustonace alrededor de los mercados. Prueba de ello es que los días más muertos aquí en Colonia, por ejemplo, suelen ser los feriados y fines de semana, que en la Isla rayan en el camposanto.

    Cualquier conato de libre comercio, por yugulado que sea, provoca lo que temía aquel intelectual sacarócrata y teme el castrismo: una tendencia a la igualdad de oportunidades en la que talento y dinero marcan las distancias sociales.

    El resto son las reglas de juego, eso que los americanos llaman “imperio de la ley” o, mejor, “estado de derecho”, y cierto margen de justicia distributiva de carácter más bien paliativo, para que no envicie y corrompa a sus beneficiarios.

    Justo eso sería lo que, una vez finiquitado el castrismo, les haría falta a los negros cubanos, que son víctimas de un régimen que ciertamente ayudaron a consolidar pero que ni pidieron ni implantaron ellos.

    Ese “mérito” corresponde casi por entero a las llamadas “clases vivas” (altas y medias) de origen hispano, que en mi opinión cayeron en la trampa castrista en buena medida por fobia a la mulatocracia emergida de la Revolución del 33, única realmente popular que ha estallado en la historia de la Isla.

    En todo caso, el anónimo de 9:24AM está en lo cierto: “Todos los pájaros comen arroz, pero la culpa siempre la paga el totí”, incluso cuando hunda pico y patas en el arrozal mucho después que los demás pájaros de plumaje claro.

    Muy bien también, Camacho, por la desacralización del personaje histórico. Otro tanto debería hacerse sin piedad con el resto de la extensa galería del honor hagiográfico criollo: desde el indio Hatuey, pasando por Cépedes, Martý y Maceo hasta los asaltantes al Palacio Presidencial, que al fin y al cabo eran unos puñeteros pistoleros.

    Hay que acostar a dormir el sueño eterno cuanto antes, de una vez por todas, a todos esos muertos gloriosos, que en realidad no son más que fantasmones de nuestro imaginario colectivo. Igual bastaría con vestirlos con ropa de andar por la calle.

    Jorge A. Pomar

  • Jorge Camacho dice:

    Isis, gracias por el comentario. Estoy de acuerdo contigo. Las estructuras de poder hoy en Cuba remiten a una especie de “feudalismo” donde las apariencias tienen un valor enorme, y que, al mismo tiempo, es heredera de la España medieval y el catolicismo. Todo esto poniéndole trabas a la libertad del consumo. En tal sentido el desajuste, el anacronismo, del Estado cubano con relación al capitalismo postmoderno es abismal. La prueba de ello es que hoy por hoy mucha gente en todo el mundo, incluso en la isla, se siente más identificada con los emblemas del consumo que con los de la historia Patria, lo cual provoca una identificación a nivel global entre estos grupos por encima de las ideologías y la política.
    FC reconocía esto justamente cuando en un discurso que levantó airadas polémicas en México, dijo que los niños mexicanos podían reconocer cualquiera de los personajes de Walt Disney, pero no sus héroes. Lógicamente, ese es uno de los peores miedos de un gobierno totalitario como el de Cuba, que intenta a toda costa, fundamentar su poder en la historia.
    En el caso de la colonia, esos grupos que no tienen derecho a vestirse y ostentar los emblemas de la clase alta, son los mismos que no tenían ningún poder de decisión. Son los que no podían cambiar las leyes ni la política. Hoy día en Cuba, ni los macetas ni los bisneros tienen autoridad para reclamar una reforma económica, ni exigirle al gobierno que deje de perseguirlos.

  • Anonymous dice:

    Muy interesante lo que plantea Isis
    del desarrollo del capitalismo, en los paises
    catolicos y protestantes.
    Creo que en Europa ademàs del desarrollo economico capitalista hay un hecho importante en la parte catolica, el siglo de las luces y la Revolucion francesa, que creo la idea de la libertad, la igualdad y la fraternidad…
    puso en pràctica la movilidad social guillotinando a la aristocracia…
    La revolucion norteamericana privilegio la idea de la libertad y por tanto de la individualidad, evolucionando al liberalismo actual; los franceses privilegiaron la igualdad generando estructuras màs sociales como el modelo francés.

  • Isis dice:

    Magistral artículo, Camacho. En el derecho al consumo radica la base de la civilización, en un plano abstracto y al mismo tiempo concreto. La cultura europea logró un milagro: dar de comer y vestir con suficiencia a la mayoría de los seres humanos, cuando lo normal de esta condición siempre ha sido el hambre y la miseria. Fue la igualdad del derecho al consumo quien trastocó este orden, desatando lo que los marxistas llamarían las “fuerzas productivas”. Herederos, lamentablemente, de Espana, donde la liberalización capitalista fue casi nula, la incipiente sociedad cubana hizo suya la estratificación por las “apariencias” que remite al feudalismo. La negación de lo que denominan “movilidad social”. Y para colmo, se instauró más tarde en la isla un feudalismo aún peor, de cuyo nombre no quisiera acordarme.
    La ostentación, creería, es de la otra parte algo acaso también consustancial a las sociedades católicas, donde la “igualización” capitalista-protestante no se manifestó per se. En otras palabras, “dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Justo porque se le niega.
    Saludos,

  • telodigohoy dice:

    Creo que diste en el clavo, Camacho.