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Rumores de Estado

  • ago 14, 200711:35h
  • 1 comentarios

Como muchos rumores se originan en el pueblo, es comprensible que la noticia viaje horizontal y subrepticiamente, no de arriba hacia abajo como ocurre en todo Estado totalitario. El problema es que no todos los rumores vienen “de abajo”, ni se originan en la “otra orilla”. Hay algunos que tienen su origen en el gobierno, en las oficinas de la Seguridad del Estado, y que son manipulados con fines políticos. Pongamos por caso que el gobierno planea cambiar la política monetaria del país pero no sabe cuál podría ser la reacción ante una medida como esa. Enseguida un funcionario se encarga de “sembrar” esta información en la calle, y al cabo de un tiempo el Estado comprueba, a través de las encuestas, qué piensa la gente. Dependiendo de esa reacción, procede entonces a actuar en un sentido u otro, aguantando la medida o implementándola.

No es raro en Cuba que muchas noticias comiencen como un simple “rumor” y que poco después terminen siendo realidad. El 15 de febrero del 2001, Cubanet publicó, por ejemplo, la siguiente noticia: “Aumenta el rumor de un cambio de moneda en Cuba”. En dicha nota se afirmaba que los habitantes de La Habana temían un cambio inminente del dólar por los “chavitos”. Y al parecer no se equivocaban. Tres años después, el gobierno instauró una nueva política monetaria. En su resolución 80/2004, el Banco Nacional de Cuba anunció que se eliminaba el uso directo del dólar americano y se establecía un gravamen del 10% en efectivo para las transacciones en esa moneda. ¿Casualidad? ¿Se filtró esta información de las “altas esferas”? ¿O fue una noticia “sembrada” para preparar a la población sobre lo que se avecinaba? No lo sabemos. Pero no es difícil ver cómo se unen en este rumor al menos tres cosas importantes: el carácter variable por naturaleza del dinero y el cambio en Cuba, el carácter inestable de la economía cubana y el miedo de la población a perder sus escasos ahorros en esa moneda, hasta hacía poco ilegal.

Desde luego, ningún “chisme” puede avalarse con testigos ni documentos. Sus fuentes siempre permanecen en el anonimato. Si la táctica del periodista funcionario proviene de hacer creer a sus lectores la versión del gobierno, la del chismoso es obligar a su interlocutor a que tenga en cuenta esa otra versión “oculta” de los hechos. Así como el rumor pueden tornarse un arma formidable contra de un Estado totalitario, también puede ser una forma gubernamental de manipular la opinión pública y prepararla para que se acepte su versión de los hechos.

El Estado cubano, sin embargo, nunca ha hablado de esta forma de rumor y es de esperar que nunca confiese que manipula la noticia y los “rumores” con una finalidad política o económica. Esto no le ha impedido criticar o combatir cualquier rumor que gane popularidad en la isla, ni reconocerlo como un “arma de guerra”, e incluso asociarlo a la “crónica roja” del pasado o a los grupos disidentes fuera de Cuba.

Un ejemplo que refleja la manipulación del rumor por parte de la ideología del Estado cubano es la canción de Silvio Rodríguez “El Necio”. En esta figura el cantautor, según confesión propia, se imaginó a Fidel Castro, contando lo que “dicen” le harían sus enemigos políticos una vez que la Revolución se viniera abajo:

Dicen que me arrastrarán por sobre rocas
cuando la revolución se venga abajo,

que machacarán mis manos y mi boca,

que me arrancarán los ojos y el badajo.

La canción fue grabada en La Habana en medio de la crisis política y económica más severa de la Revolución. Alude claramente a los grupos del exilio que supuestamente reclaman venganza y aspiran a desguazar al “Necio”. “Dicen” alude, entonces, al rumor enemigo, que debería surtir el mismo efecto psicológico entre la clase dirigente del país que el que sentía cualquier esclavista cubano en el siglo XIX cuando escuchaba algo sobre un supuesto levantamiento de esclavos en Haití o en uno de los ingenios de la isla. Esto es, el famoso “miedo al negro” ahora convertido en “miedo al gusano”. Un rumor que el Estado totalitario dice combatir pero que utiliza hábilmente para tipificar a sus enemigos como una horda revanchista y sanguinaria.

Jorge Luis Camacho
South Carolina

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1 respuestas
Comentarios

  • Anonymous dice:

    Si no es a la cacatua mayor, le vamos a arrancar el “badajo” al cantante !Que se lo aguante!