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Indagación del chisme (A propósito del maleconazo)

  • ago 05, 200722:40h
  • 3 comentarios

En los años 50, el teórico húngaro de la comunicación Paul Kecskemeti se dedicó a estudiar por qué en los estados totalitarios los rumores adquirían tanta importancia. Y concluyó que el murmurador o el chismoso era una especie de disidente, alguien que transmitía una visión distinta a la del gobierno. En tal sentido, su gran rival sería el periodista funcionario, que escribe para los periódicos, las revistas y la televisión “oficiales”. Este funcionario, a no dudarlo, es la única fuente de saber en una sociedad como la cubana, el único que tiene acceso a la noticia “verdadera” y el único que puede ser citado como autoridad. El chismoso, en cambio, es dueño de un saber débil, traslaticio y ambiguo.Su espacio natural no es la prensa sino la calle. Su aliado más fuerte es el “jodedor”, el espacio subversivo e irreverente del choteo. De ahí que, en términos políticos, el chisme actúa en un Estado totalitario de la misma manera que el choteo sobre la alta cultura cubana: como algo que mina la autoridad y el consenso.

En 1960 fue el rumor de que el gobierno iba a quitar la “patria potestad” a los padres lo que provocó el éxodo de la Operación “Pedro Pan”. En 1994 fue un rumor parecido lo que produjo el maleconazo del 5 de agosto. Cientos de cubanos se lanzaron a la calle esperando encontrar un barco que los llevara a los EE UU y en su lugar sólo se encontraron con las perseguidoras del gobierno.

Desde hacía casi un mes corría el rumor de que habían secuestrado al menos cuatro naves en distintos puntos de La Habana para llevárselas a los Estados Unidos. La primera de estas naves fue el trasbordador “13 de marzo”, con las consecuencias fatales que todos conocemos. La segunda, el ferry “Baraguá”, secuestrado el 26 de julio, y la tercera el barco “La Coubre”, el 3 de agosto. Los dos últimos secuestros fueron exitosos, pero el 4 de agosto, el día antes del maleconazo cuando un grupo de personas intentó llevarse de nuevo el ferry “Baraguá” a los Estados Unidos, éste se quedó sin gasolina todavía en aguas cubanas y la marea lo arrastró hasta la Isla. A las personas que se reunieron en el malecón un día después los motivó una noticia falsa, que respondía, sin embargo, a sus verdaderos anhelos y expectativas.

La noticia nunca fue oficial. Simplemente se transmitió de boca en boca y la gente actuó de forma espontánea dado el valor que se le concede al chisme en toda sociedad totalitaria.

Pero ¿puede acaso ser un “chisme” verdadero? Un “chisme” no tiene el significado peyorativo que muchas personas le atribuyen. Durante el siglo XVIII hasta 1889, al chismesegún el diccionario de la RAE, se le tenía por “un cuento con que algunos intentan meter cizaña”. Pero a partir de 1914 esa definición cambia, y ahora el chisme puede ser una “noticia verdadera o falsa”. Basta entonces que en un momento de crisis converja un rumor falso con las expectativas y el miedo de un grupo de personas para que se produzca un estallido; en cuyo caso el chismoso adquiere más credibilidad que el funcionario público y el “rumor” se convierte en “realidad” en la mente de muchas personas.

¿Cuáles son las diferencias del chismoso con el funcionario público en un gobierno totalitario?

1. Transmite el mensaje de persona a persona de forma confidencial,

2. Le brinda la información a los otros sin interés aparente, más bien como un secreto compartido,

3. Saca a la luz el lado “oculto” de la noticia,

y 4. Al ser el sujeto quien provee la noticia, éste se convierte (y convierte a su interlocutor) en un elemento activo en el proceso de comunicación, a diferencia del sujeto pasivo que consume lo que dice el gobierno.

Sería imposible entender los sucesos del 5 de agosto de 1994 si no tomamos en cuenta estas características de la comunicación en una sociedad como la cubana. No fue sólo que el pueblo se cansara del hambre y la miseria y decidiera salir a la calle. Fueron una serie de acontecimientos reales y ficticios los que llevaron a cientos de personas a amotinarse. Entre ellos, la psicología del rumor y su capacidad subversiva, un fenómeno que ha ocurrido muchas veces antes, y seguirá ocurriendo en sociedades cerradas.

Jorge Luis Camacho
South Carolina

PD: En el archivo de Connie, un folleto sobre el tema del “rumor”, editado por la Comisión de Orientación Revolucionaria de CC del PCC.

Foto: Karel Poort.

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3 respuestas
Comentarios

  • Yoana dice:

    Muy buen artículo, y muy cierta la filosofía del rumor. Sin embargo, yo estaba en la Bahía el 5 de agosto de 1994, en la parada de la 15 donde también se cogía la lanchita para Casa Blanca, y delante de mis ojos la lanchita se desvió rumbo a la salida de la Bahía, y ahí fue donde empezó todo, fue más que un rumor. Yo no se si esa lanchita llegó o fue interceptada, pero si vi como enrumbó hacia allá. Y así lo describí en un post para conmemorar la fecha este año (2008) en mi blog, junto con un desagradable episodio que viví ese día. De modo que puedo afirmar que no fue solo un rumor, fue un hecho, uno más de los que se venían produciendo, solo que la prensa oficialista al fin gana, y ha convencido hasta a los contrarios que el hecho nunca ocurrió. Un saludo de una asidua lectora de su página,

    Ana

  • Karamchand dice:

    Muy buen articulo, aun cuando el tema tiene muchas vertientes o detalles que no aparecen, lo cual lo haría extenso, sobre esto, que el chisme, como verdadero, puede surgir tambien desde los medios informativos fuera de las dictaduras, a los cuales acceden unos pocos y se encargan de propalar, lo cual también provoca que son sensibles de ser alterados al pasar de boca en boca.

  • Isis dice:

    Excelente artículo.