- jul 30, 2007 • 12:45h
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En el primer aniversario del lanzamiento de este blog, nacido de una contingencia necrológica devenida circunstancia política (y cuyo nombre definitivo se debió a la brillante intervención del novelista José Manuel Prieto), abstengámonos de entusiasmos excesivos o balances precipitados y contentémonos con seguir expandiendo las pantallosas conquistas que para la libertad de opinión ha logrado Penúltimos días.
En el pasado –prematuramente remoto– quedan la gravedad del Líder, la intervención quirúrgica, la recuperación metafísica y la prosopopeya postoperativa. Ganas no faltaron en estos doce meses de atravesarle el corazón con una estaca, de apalear la iluminada consola de su cerebro electrónico o de hacer callar la cabeza parlanchina que seguía berreando desde el más allá, cual neurasténico potrico de Eraserhead en la cuna oscura de la conciencia cubana.
Los micrófonos que el Líder toqueteaba con lujuriosa insistencia se han vuelto hoy pantallas de Yahoo y otros tantos espejismos de su rúbrica inmensa. Tomemos una vez más, internautas de todos los países, en honor a PD, cualquier pretexto, cualquier punta del deshilachado tapiz rojinegro que encubre el sarcófago imperial, y consolémonos haciendo macramé epistemológico ante el ara de la Revolución castrocomunista.
1. Fidel es el cáncer de Cuba, afirmé en uno de aquellos primeros diagnósticos. La enfermedad provocó en Fidel una crisis que prefigura la que sobrevendrá a Cuba. La crisis de Fidel demostró que el cáncer podrá desatenderse e ignorarse, pero sólo hasta el minuto en que explote con toda su virulencia y haya necesidad de (literalmente) “correr con Cuba”. Tal es el escenario que tenemos delante. Las transiciones, los discursitos, los mea culpa, los subterfugios, son el trozo de carne cruda que se echa al seno carcomido. El interregno tiene todas las trazas de un chancro que haya sido tratado con emplastos de fango y telarañas. Debido a lo mórbido de la situación, a causa de su propia etiología, la Libertad de Cuba es asunto impostergable: tarde o temprano la pústula en el culo de la nación reventará y en ese caso deberá recurrirse a la cirugía de emergencia.
2. Apropiémonos ahora de un párrafo de Lisandro Otero, en La situación:
“Hablan de política que es el arte de la supervivencia. Charlatanes como todos los artesanos. En otra época ha sido ciencia de dirección. Por encima de la hijoputada máxima, ha existido el compromiso con la felicidad. (…) Aquí es una forma de alcanzar el nicho y permanecer canonizado o beatificado. La utilidad individual es lo importante. Fulanón, después de cuatro años en el Comité Central adquiere su heráldica, aunque el nombre haga aflorar sagas de cuatrerismo. No temen al tiempo. Apuestan sobre la benevolencia del medio que siempre absuelve sin juzgar.”
3. Si la democracia liberal es –como escribió Francis Fukuyama en El fin de la Historia–, “el final de la evolución ideológica humana” y “la forma final de gobierno”, entonces el batistato (como galaxia de eventos políticos que abarca tanto la Constitución del 40 como la amnistía de los atacantes del Moncada) es el fin de nuestra Historia. Un fin mucho más visible, más rotundo y marcado, por incluir el brillante espectáculo de una revolución.
4. Si el batistato tiene para nosotros el significado de “fin de la Historia”, entonces La Historia me absolverá es el documento clave, la carta magna del batistato. Ese período sería nuestra absolución histórica, ya que volveremos a él cuando querramos regresar a la Historia. Para quienes nacimos en pleno vacío histórico, allí está nuestra música, nuestra literatura, nuestra arquitectura, nuestro joie de vivre, nuestro Paradiso: un mundo completo, anterior a la muerte (histórica).
5. La Historia me absolverá es un documento retrógrado, pues lo histórico –vale decir, lo consumado, por definición– es el agente encargado de proveer absolución. Si el batistato es el fin de la Historia, entonces esa absolución sobrevendrá, necesariamente, en un futuro posthistórico.
6. Oremos:
“Y ¡cuánta charlatanería para justificar lo injustificable, explicar lo inexplicable y conciliar lo inconciliable! Hasta que han dado por fin en afirmar, como suprema razón, que el hecho crea el derecho. Es decir que el hecho de haber lanzado los tanques y los soldados a la calle, apoderándose del Palacio Presidencial, la Tesorería de la República y los demás edificios oficiales, y apuntar con las armas al corazón del pueblo, crea el derecho a gobernarlo.”
7. En el momento de crisis absoluta, en el llamado Período Especial –cuando nuestra tendencia al no ser nos llevó al borde de la extinción– la polis batistiana, con sus carros “del año”, su música de traganíquel, sus vedettes ajadas y sus antiguallas culturales nos salvó, efectivamente, de la muerte. Nos absolvió. Nuestra Historia “última” nos volverá a absolver siempre. El Período Especial –que según informes recientes no ha terminado aún– demostró cuán rentable puede ser, para la Revolución que lo aniquiló, el período que precedió al Fin. Desde entonces vivimos en un tiempo prestado: el batistato, que es nuestro “último grito”, nos presta su modernidad radical para que sigamos exprimiéndola, sacándole el jugo como vampiros históricos; para que sigamos viviendo de su mediodía jovial y de su abandono trágico.
8. Volvemos a ese palimpsesto, a esa carta magna que el pasado envió al presente, con la misma ansiedad con que volvemos a los Cadillacs, al Wakamba, a Radiocentro, a Flogar; es decir, volvemos en busca de verdad, de razón de ser: La Historia me absolverá es el evangelio del batistato, su justificación jurídica y el alegato de autodefensa de una época de pasión cívica, de heroicidad trágica. El último momento en que unos ciudadanos iniciados en el respeto al Derecho y a la Justicia social tomaron las armas de la razón para defenderla al costo de la propia vida.
9. El batistato es nuestra edad de oro, y La Historia me absolverá, su canon literario definitivo. El personaje más completo, más logrado del batistato, es Fidel Castro. En su noveleta jurídica todavía existían las leyes –y el castigo por infringirlas– pero, sobre todo, existía la idea de una República. En esa obrita está resumida toda la Libertad que pudo amasar y expresar una época de libertinaje. Y también, la crisis, la negación de esa Libertad. El acusado se convierte en acusador, y encarnando al fiscal condenará la época de oro que lo engendró. En lo sucesivo, ya nunca dejará de ser juez y parte, defensa y fiscalía en una sola pieza, tanto para sí como para cada uno de sus súbditos. El salvador de la República que vemos aquí en su momento estelar, durante el desenlace trágico del fin de la Historia, devendrá destructor de la República. Y toda esta riqueza descriptiva, estilística y semiótica, está contenida en un solo panfleto, en un único auto de fé, donde Batista deviene Claudio; Cuba, Gertrudis; Fidel, Hamlet, y Martí, el fantasma del Padre.
10. Obra de teatro dentro de nuestro teatro del mundo: momento supremo de nuestra realidad. A partir de aquí sólo podemos perder realidad, hasta confundirnos con la Nada. Hoy se requiere una enorme y complejísima maquinaria de sofismas, toda una escolástica, para justificar, imponer o apuntalar la realidad que se desmorona. A partir de La Historia me absolverá, que es el cenit del batistato, comienza nuestra occidentalísima decadencia (con Leal Spengler incluído), nuestro desmoronamiento, nuestra posthistoria. Ya Cuba ha dicho y hecho todo, en todos los campos y a todos los niveles. No le falta nada, está completa. Se ha consumado, consumido en su propio combustible, derrotada por su propia gravedad, víctima de su propia grandeza. Reo de sí, asume su autodefensa, y es absuelta, para la Nada.
11. Las invariables barbas
Las invariables barbas
que asoman sus puntas en los arcos
redundarán en salvas
dirán que “eres lo más grande”
hundido con los enormes barcos
que atravesaban exclusas temporales
y las fosas nasales
por donde el vello asoma
rozando con tentáculos de aroma
la fría iteridad de la goma
fundida en pies banales
en crisis de adornitos invernales.
¡He aquí la sombra,
la sombra de la barba en los pezones
y las mismas razones
para ahogar sus pedúnculos en lágrimas!
Néstor Díaz de Villegas
(desde Middlebury, Vermont)






Este texto es un hiperpoema y una nueva forma de análisis, no puede comparárselo con nada pues sigue sus leyes propias.
Felicidades Ernesto, tu analisis se impone tanto como la geografia que dicta en contra de tanta separacion.
Pero en esto de la geografia y su condena inexorable a la guerra de ideas, a veces pienso que si fuera lo contrario, o sea, haber estado a 3,000 millas de distancia, ya esta antihistoria cubana, no existiria hace rato.
Este articulo es formidable. Enfoca lo que todos hemos sentido y no dicho, en un angulo inteligente.
La palabra anatema, recobra vida. Se desliza el velo tupido por el tabu que a todos nos causa ansiedad y se aventura lo de Batistato dentro de una dinamica que define un tiempo nuevo, aquel en el que se pudo escribir la amenaza de la terminacion de nuestra Historia, y asi por ende no puede haber absolucion cuando no hay Historia.
Todo renacer tendra que partir de aquella historia que quedo congelada en cima de valores publicos, legales, politicos, economicos y civicos.
Y asi con este primer paso, en un analisis tan formidable, comenzaremos a perder el miedo ante un continuismo de “lo que fue”.
Es el primer paso para perder el miedo, sobre todo cuando ya no queda nada mas que perder, ni siquiera la vida. Porque debemos estar de acuerdo, que vivir asi, no es vivir.
Los perros mascotas, en la civilizacion occidental son mas personas.
El jijijiji lo delata, pero aqui esta menos chusma, evidencia de que no tiene padrino como en el otro blog, donde le permiten medrar como lo que es, una salsita de indigestion, un anti nada, un chupador.
excelente, nestor. ojala se tomen el tiempo de leerlo bien, porque es de los articulos que obligan aleer y releer por la cantidad de ideas y la profundidad que plantean. la gente le tiene miedo al termono “batistato”, demasiados años pensando “en negativo”, sin ver que fue la cima de nuestro esplendor como nación. me ha encantado la idea de “la historia me absolverá” como libro modelo de esos años. la verda es que nunca más temas como democracia o elecciones pudieron tocarse en la prensa o la literatura de la isla.
La mama de los titanes era MaREAna.
Bronze Advocate
Dicen en Sergio’s Cafeteria que esta de luto por el fracaso de Fujimori en su postulacion a senador tokyota.
Kendall Toyota
Rea no es la mama de los titanes, y abuela de los titancitos?
Villegas, creo que al final del versiculo 10 debiera ser “rea de si”. No es Cuba el sujeto?
Reo Brouwer
Este dice, pero no deja que le digan. Su version saguesera del consabido mutismo nipon.
Pin pon fuera
La noción de fin de la Historia no hay que interpretarla, ya se ha dicho un montón de veces, como fin del tiempo. A lo que se refiere Fukuyama, y que Néstor utiliza con habilidad, es a la idea hegeliana de la Historia como realización de la Idea. En tal sentido, la sociedad liberal representa un punto de llegada, de consumación, de plenitud histórica. De la misma manera, la consumación de la historia cubana sería, para Néstor, el periodo que va desde la República hasta la Revolución y que él rebautiza como “batistato”. El fracaso de la Revolución es, entonces, posthistórico. La caída de la Revolución nos deja huérfanos, sin otra posibilidad que volver al pasado “histórico” donde Cuba consiguió su plenitud política y cultural.
Creo que como dice SIlvio “el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos….”
La verdad es que no entiendo ni la mitad de los que quiere decir Nestor con tanta prehistoria, posthistoria e historia. Es decir si la historia es cíclica estamos ahora en la prehistoria? Si no, en donde estamos? Lo que me preocupa (por mis neuronas) es que está escrito en buen castellano. Así que no le puedo echar la culpa ni al inglés ni al alemán.
Que se fuma en Vermont?
Domingo Ver Monte
Rui Ferreira y compañía?
El ano de las 2:52 destila odio. Bueno, sabemos del grupito al que pertenece.
que nestor es un soberbio ya lo sabíamos camilo, de la misma manera que sabemos tu eres un mediocre, pero que se le va a hacer, son cosas de la vida, como este blog, que ya va siendo hora de que cambie de nombre… a penúltimos… años… jijijij
y es que al que no quiere caldo…
Muchas gracias Camilo.
En Middlebury College, donde estoy de visita, fui invitado a hablar en una clase de un profesor que enseña Historia de Cuba: este artículo es el resultado de aquella clase, donde situé el documento castrista dentro del contexto batistiano. Entender el castrismo es, a veces, sólo cuestión de antropología estructural.
Nestor, siempre he dicho que eres la mejor mano de Penultimos. Felicidades por ese aniversario.
Nestor, sólo puedo decir: Soberbio! Este escrito merece ser leído y releído.