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La curación. (Un relato futurista)

  • jul 23, 200709:59h
  • 11 comentarios

Tal vez todo comenzó aquel 10 de julio de 2007, cuando el diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista, publicó una reflexión de Fidel Castro titulada “Autocrítica de Cuba”. En ese texto, Fidel hacía un balance negativo de algunas medidas de la Revolución, incluyendo uno de los pilares fundamentales del proceso. El trabajo voluntario, decía, no había sido una buena manera de fortalecer la conciencia revolucionaria. El ejercicio del músculo creaba manos callosas, esculpía brazos poderosos, bronceaba las pieles entre los cañaverales. Pero esa tensión corporal —concluía, contrito, el Comandante—, no había conseguido crear fibra cerebral de manera automática. Más bien, producía grumos de duda y descreimiento: el trabajo no retribuido había acabado por reblandecer las convicciones de todo un pueblo.

Para sorpresa general de los analistas, esta vez Fidel felicitaba a la Unión de Jóvenes Comunistas por la decisión de no enviar a los jóvenes a trabajar al campo. Resultó extraño leer aquellos argumentos firmados por quien había sido el máximo defensor de todo lo contrario. Algunos apuntaron los celos. Ahora que ya no podía ser el padre espiritual de aquellos jóvenes, prefería devolverlos a sus padres biológicos antes que regalarles un nuevo padrastro omnipresente. Otros argumentaban que el giro se debía a la inefable bondad que traen los años. El cargo de conciencia se habría abierto paso entre las fisuras de la memoria para llenar el vacío que antes ocupara la apretada agenda del viejo revolucionario.

Un año antes, el 31 de julio del 2006, el mundo se había despertado con la noticia de que el incansable vencedor de cien batallas se diluía en su propia sangre. Sólo una compleja intervención quirúrgica, dirigida por el propio paciente, consiguió impedir la definitiva transformación del héroe en charco.

A partir de ese día, Fidel traspasó “temporalmente” las funciones de Jefe de Estado a su hermano Raúl. Para muchos, Raúl era un enigma. Soldado intransigente de la Sierra, primero; temerario jefe militar dispuesto a lanzar los misiles rusos después; antimaricón supremo con veleidades stalinistas, parecía capaz de conducir el país con mano férrea. Para otros, el hermano menor era algo así como un niño llorón obligado a actuar en un guión de tipos duros. En el fondo, decían, era alguien sensible. Quizá incluso demasiado sensible, se atrevían a susurrar.

Lo cierto es que Raúl había aprovechado la fontanería intestinal de su hermano para hacerse con el poder. Primero apartó hábilmente a los jóvenes halcones que habían sido incondicionales del anciano. Luego se ocupó de que las imágenes de un Fidel débil y desmejorado llegaran hasta el último rincón del mundo. Su impacto bastaría para jubilar al símbolo. Mientras, organizaba el país alrededor de otro núcleo de poder, el de los duros comandantes de siempre.

Fidel aislado, apartado del poder, con sus antiguos prohombres devenidos asistentes geriátricos, dedicaba sus horas a consultar Internet y a divagar sobre asuntos internacionales. Por esa época comenzó a pergeñar unas “Reflexiones”, una especie de testamento ideológico por entregas que todos los periódicos ofrecían con puntualidad matutina, y en las que hablaba del orden mundial, la catástrofe ecológica o a la vileza del presidente Bush. Pero su texto “autocrítico” del 10 de julio del 2007 marcó un punto de inflexión. Su distanciamiento del poder le permitió arrojar, después de muchos años de autocomplacencia, una mirada crítica sobre lo que había sido su magno proyecto ideológico: la Revolución cubana.

El artículo de Fidel sirvió de prólogo al tradicional discurso del aniversario del Moncada. En la calle, se esperaba el anuncio de cambios impostergables. El 26 de julio del 2007, Raúl habló en Camagüey. Y fue breve: había que profundizar en la aplicación de los principios básicos de la Revolución y “potenciar un nuevo impulso productivo”. Días después, el 81 cumpleaños de Fidel pasó casi desapercibido por primera vez en muchos años. En septiembre se renovaron los principales cargos del país. Raúl fue nombrado Primer Ministro. Aquel relevo sentenciaba la jubilación definitiva de Fidel como líder práctico de la Revolución.

El martes 16 de octubre, Granma publicó otras reflexiones autocríticas de Castro. En su texto, titulado “Por un campesinado productivo”, Fidel planteaba que la política encaminada a restringir la actividad privada del campesino cubano había sido la principal causa de las carencias alimenticias de la población cubana. Cerrar el Mercado Libre Campesino en el año 1986 había sido un grave error. Fidel no se arrepentía de que la Revolución hubiera nacionalizado las tierras, pero afirmaba que “el sistema de organización en cooperativas agrarias no se había traducido en una alta productividad. Las interferencias de la planificación centralizada, que dictaba qué, dónde y cuando debía sembrarse, y que establecía de manera arbitraria precios mayoristas para todos los cultivos, no había estimulado al campesino a aumentar la producción”.

En el artículo de Fidel lo más importante era el bloqueo. Por omisión. Por primera vez en muchos años la causa principal de un problema cubano no era el bloqueo norteamericano, sino una política económica errónea. En La Habana se comentaba que aquella reflexión había irritado a su hermano Raúl. Como siempre, se trataba de rumores imposibles de confirmar.

El 5 de noviembre del 2007, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, declaró en TEVES, el flamante canal estatal venezolano, que el restablecimiento de “su hermano Fidel” era total. Sin embargo, los cubanos no pudieron conocer la noticia de primera mano. La televisión cubana no mostró imágenes de Fidel ni transmitió las palabras del líder venezolano.

El 11 de diciembre del 2007, ante una nueva y persistente ola de rumores acerca de la muerte de Fidel, la televisión cubana transmitió unas imágenes del líder. Sentado en medio de un jardín apacible, el Comandante leía el Granma. Desde la portada, en una foto a media página, sonreía Raúl.

Ese mismo mes un nuevo rumor recorrió el país y llegó hasta los corresponsales de la prensa internacional acreditados en la isla. Coincidiendo con el aniversario 49 de la Revolución, Fidel habría escrito un nuevo texto autocrítico, pero Granma daba largas a su publicación. Según se comentaba, el tema había sido tratado por Raúl y sus más próximos, y la discusión acerca de la pertinencia de sacar el artículo en ese momento había generado enfrentamientos entre Raúl, Almeida y Ramiro Valdés. Según fuentes bien informadas, Raúl y Almeida se oponían, mientras que Ramiro, desde siempre un protegido de Fidel, la defendía. Lo cierto es que ya habían transcurrido dos meses desde la última reflexión del comandante. Un silencio demasiado largo.

Pasó enero. En febrero del 2008, Fidel se apareció por sorpresa en un debate a puertas cerradas sobre el llamado “Pavonato” o Quinquenio gris, que había comenzado un año antes en los círculos intelectuales de La Habana y el exilio. En el histórico local de Casa de las Américas, el líder hizo una enérgica revisión crítica de la política cultural de la Revolución. Aunque empezó explicando que ésta se había llevado a cabo en condiciones excepcionales de aislamiento y amenazas para el proceso, Fidel reconoció que la consigna “Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada” había sido aplicada de manera dogmática, y que ese error estratégico había erosionado el quehacer intelectual del país durante muchos años. Terminó diciendo que la censura a los intelectuales y la persecución a los homosexuales desatada en aquellos años había producido “un crudo desgarramiento en la sociedad cubana”. Su intervención, que levantó estruendosos aplausos entre los presentes, apareció publicada unos meses más tarde en la revista Criterios, dirigida por Desiderio Navarro, y fue comentada con entusiasmo por Mariela Castro Espín en un comunicado del CENESEX, pero tuvo poca repercusión en la isla.

Trancurrieron varias semanas en las que nada se supo de Castro. La televisión cubana emitía programas, organizaba debates y Mesas Redondas que contradecían algunas de las tesis defendidas por Fidel en sus últimas reflexiones. Muchos hablaban de discrepancias crecientes con su hermano, y este rumor creció hasta convertirse en una especie de secreto a voces, del que llegó a hacerse eco el corresponsal vitalicio de El País en La Habana, Mauricio Vicent, en una breve nota que casi le cuesta la cancelación del permiso para reportar desde la isla.

Los rumores sobre el estado de salud de Fidel se dispararon en las últimas semanas de mayo del 2008. Unos insistían en que Fidel había sufrido una nueva intervención. Otros, que ya había muerto y estaba siendo embalsamado en los sótanos de la Plaza de la Revolución. Todos esperaban el comunicado definitivo. Mayo del 2008 transcurrió en una tensa calma, entre celebraciones obreras de bajo perfil y llamamientos a recobrar “el espíritu original del proceso revolucionario”.

La gran sorpresa llegó en junio. Los pocos escritores y artistas que en La Habana recibían la revista Encuentro de la Cultura Cubana, se sorprendieron al ver en portada el nombre del Comandante en Jefe. En el artículo, titulado “Una revisión autocrítica del caso Rivero”, Fidel declaraba que, sin renunciar a la defensa de la Revolución y sus logros, que eran muchos y definitivos en muchos campos, había sido incorrecto encarcelar y tratar como mercenarios y agentes enemigos al poeta Raúl Rivero y al resto de periodistas independientes.

Aquel número de Encuentro fue sin dudas el más leído en los 12 años de vida de la revista. Los intelectuales, tanto los del exilio como los de la isla, no daban crédito. Algunos blogs del exilio llegaron a sugerir que se trataba de un apócrifo para revivir a la revista. Otros enarcaban las cejas o se encogían de hombros, desconcertados.

En esos meses, Raúl se había consolidado como líder y llevaba con mano firme las riendas del país. Sus tímidas reformas económicas trajeron cierto alivio al ardor estomacal de los cubanos, pero no hubo signos apreciables de apertura política. Los principales disidentes seguían encarcelados. Las Damas de Blanco cumplían cinco años reivindicando la liberación de sus esposos detenidos y soportaban los cada vez más frecuentes mítines e insultos “espontáneos”. La Batalla de Ideas copaba el horario televisivo. El ataque a los cubanos del exilio arreciaba y la censura a Internet se volvió más estricta. En la isla, la rumorología adquirió la dinámica de una reacción en cadena.

Aunque no hubo una reacción oficial explícita a la insólita conducta periodística de Fidel, el Ministerio de Educación dio la orden de reeditar algunos libros de texto de las escuelas Primaria y Secundaria. El papel de Fidel como líder revolucionario apareció más difuminado en las nuevas páginas. Su imagen fue incluso borrada de ciertas fotografías históricas, y se la reemplazó en muchos altares institucionales. Algunos profesores de Historia empezaron a bajar la voz cuando mencionaban al anciano líder.

El miércoles 23 de julio del 2008, a sólo tres días del 55 aniversario del Moncada, ocurrió un hecho sin precedentes que para los cubanólogos del exilio marcó el fin de una etapa. Bajo el título “La revolución: balance de un experimento inalcanzable”, Fidel Castro publicó una extensa columna en la revista académica Foreign Affairs. Este artículo, donde el líder cubano reconocía explícitamente que “la Revolución cubana ya ha cerrado un ciclo y se espera de nosotros la capacidad de responder a nuevos retos de la situación mundial, más allá del maquillaje de las reformas”, marcó la ruptura definitiva de Fidel con el castrismo.

Aún así, muchos se sorprendieron cuando el domingo 3 de agosto del 2008, las puertas de la iglesia de Santa Rita en Miramar se abrieron y tras el cortejo de mujeres apareció Fidel Castro, envejecido pero animoso, vestido con pantalón y camiseta blanca.

Ginés Gorriz
Barcelona

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11 respuestas
Comentarios

  • perla marina alcober dice:

    Ni siquiera he leído lo que escribió Gorriz desde Barcelona. Pero me interesa mucho poder comunicarme con él para saber si, como todo parece indicar, es hijo de Ginés Gorriz Castromán. Conocí a muchos miembros de su familia ya que vivíamos muy cerca en el mismo reparto, y me gustaría tener noticias de Ana, Neysa, Humberto, Chama, Ramón, y demás.
    Saludos.

  • FranciscoJ dice:

    ¡¡Absolutamente maravilloso!! La mayor de las utopías del mundo es que Fidel Castro reconozca un error, eso sí que es difícil.

    Estoy seguro de que la Historia no lo absolverá, en todo caso lo absorberá.

    Viva Cuba Libre!!
    Saludos desde España

  • Anonymous dice:

    Distópico hasta intoxicar. Que haremos cuando el dinero de intereses ajenos corra hacia las cuentas de seres elocuentes sin otra Nación que sus bolsillos? Ya se volverá a cambiar del blanco genuflexo al verde reivindicador.

  • Anonymous dice:

    El se vistio de blanco ya antes y por unos cuantos dias, cuando visito varios paises africanos, a principios de los setentas. Muchos dicen que fue un viaje de santeria, en el que los trabajos de sangre se hicieron con elefantes, leones y otras fieras. Desentierren fotos viejas de la prensa y veran.
    Blanquizar de Jaruco

  • Anonymous dice:

    A juzgar por el último artículo de Soledad Cruzen cualquier momento el relato se vuelve lo más parecido a la realidad que conoceremos…

  • Jose Antonio dice:

    Pero en eso de acuerdo. Cualquier cosa, incluyendo la mentalidad semper fidelis. Sino un cambio radical, una evolucion.

  • Anonymous dice:

    Cuántos no estarían dispuestos a aceptar esta “solución” curativa! Un relato para pensar…

  • Jose Antonio dice:

    En mi cuaderno de bitacora, hay varios aterrizajes suaves, donde no aparece el Capitan.
    De hecho, y a pesar de “reflexiones” que nadie leeria para entonces, salvo aquellos semper fidelis al Capitan

  • Jose Antonio dice:

    Que bonito final. Si no fuera, porque todavia le dan el placet de un LIDER, a quien ha cometido tantos errores.
    Un aterrizaje suave, digamos. El Capitan ahora gira el timon del buque a estribor, y la tripulacion no se amotina.
    La unica verdad de esta fantasia, es que a todas luces, todos siguen necesitando el Capitan.
    No puede haber Capitan porque ya el buque, a esas alturas, se hundio

  • Teresa Cruz dice:

    !Magnifico!

  • Anonymous dice:

    Magnifica cantuba literaria