- jul 09, 2007 • 12:00h
- 9 comentarios
The Washington Post: una reseña de The Boys from Dolores de Patrick Symmes.
PD: Una reseña de Juan Carlos Castillón, que se leyó el libro:
A partir de una vieja foto, la de una promoción de graduados del Colegio Dolores, en Santiago de Cuba, el centro educativo en el que Fidel Castro cursó sus estudios secundarios, el autor trata, y en muchos momentos logra, trazar no el retrato de una generación sino el de todo un país.
El libro alterna el relato de los primeros años de Revolución con los viajes del autor a Cuba y a diversos puntos del exilio cubano para seguir el rastro de aquella promoción, tanto de los exiliados como de quienes permanecieron en la Isla. Algunos de aquellos alumnos –los más– se fueron y han triunfado en otros países gracias a las conexiones que hicieron como estudiantes. Todos estuvieron en contra de Batista, aunque pocos siguieron a un antiguo compañero de clase al que conocían demasiado bien; sólo uno de ellos fue tesorero del Movimiento 26 de Julio, para huir de Cuba en época de Batista antes de volver a hacerlo con Castro. Uno llevó armas para a la guerrilla anticastrista; otro participó en los intentos frustrados del Che de extraer níquel industrial; tres hermanos –los de Jongh– todavía viven separados: uno dentro de la isla reconvertido a un marxismo más exigente que el del propio Castro, los otros dos en el exilio. En su inmensa mayoría son gente cansada, los de fuera tanto como los de dentro: uno de los entrevistados murió a lo largo de la escritura del libro; otro de los protagonistas, Aguilar León –tanto o más citado que Castro en algunos capítulos– tiene las primeras fases de Alzheimer.
Usando las experiencias de aquellos alumnos, el autor nos habla de los orígenes de la Compañía de Jesús, de la educación jesuítica, de las diferencias regionales dentro de Cuba, de las luchas entre intelectuales durante los primeros años de Revolución, de los intentos industrializadores del Che Guevara, de la polémica en torno al corto P.M. de Orlando Jiménez Leal y Sabá Cabrera Infante, de la actual disidencia cubana y de la resistencia armada de hace treinta años, de la aparición de una nueva criminalidad en Cuba, del menosprecio hacia los orientales que pudo ver personalmente en un partido de béisbol y de la cubanidad de un deporte llegado desde Estados Unidos, de la creciente separación entre lo que recuerda el exilio de su isla y la realidad de la isla, de la situación actual tal y como es retratada por algunos de sus autores más importantes, y de por qué no hay grandes novelistas dentro de Cuba –una afirmación del autor que no comparto.
Todo lo anterior no es sino el envoltorio que rodea el punto principal: las raíces del pensamiento de Castro vistas con los ojos de sus compañeros de clase y de sus profesores. La ideología castrista, para el autor, nace tanto de la oposición entre Santiago de Cuba, que siempre ha resentido la primacia habanera, y la capital, como de los métodos disciplinarios y educativos jesuíticos y su ansia de crear élites dirigentes. Castro es, en palabras del autor, un hick –paleto– de Santiago, empujado a destacar por un padre orgulloso y autoritario. Y aunque aparece de forma continua a lo largo de este libro, tal vez los verdaderos protagonistas sean sus ex compañeros de clase, gente normal cuyo único roce con la Historia –con H mayúscula– ha sido haber compartido un aula con él.
Libro muy crítico con la República precastrista, e innecesariamente cruel con un exilio del que salva sólo a algunos entrevistados, es también inmisericorde con el régimen de La Habana. Es un tributo a la incapacidad política del exilio cubano que incluso gente que no soporta la dictadura castrista y hace todo lo posible por molestarla –es el caso de Symmes que deja los libros con los que viaja en las Bibliotecas Independientes, compra sus puros en el mercado negro y trata de ayudar a los disidentes– no soporte tampoco a los exilados de Miami, con la clara excepción de Luis Aguilar León, un antiguo compañero de clase de Castro, y profesor más tarde de Bill Clinton en la Universidad Jesuita de Georgetown. La presencia de Aguilar León en esas páginas ayudará al autor a vender varios cientos de ejemplares en un mercado por el que carece de la más mínima simpatía: Miami, la única ciudad cubana del mundo en que es posible leer en libertad cualquier cosa.




En un par de semanas lo encuentras en cualquier librería grande de EE UU, tipo Barnes & Noble.
Ernesto, o cualquiera que este menos ocupado: Cuando y como puedo comprar este librito? me interesa sobremanera. Ya me estoy hartando de la comercializacion de Amazon.com, despues de verderme los libros, me atociga con anuncios y guardando “perfiles” mios. Habrase visto que manera de atormentar.
El gusto ha sido mio. Y gracias por sentir asi de esa manera, el paisaje que llevo en el alma. Porque aunque “habanero”, alli vivi los momentos mas maravillosos de mi vida. Los veranos de mi ninez
Baracoa es una belleza. Fuí por primera vez en 1990, y aquel paisaje me impresionó para siempre.
El mar bravo y con un color espectacular. El viaje por La Farola (viaducto) es de coger balcones. La humedad y color de la vegetación son únicas.
Muy lindo todo ese trayecto.
En el camino, Playitas de Cajobabo, no desde la carretera pero a cinco minutos de ella.
Espléndida Baracoa y alrededores.
Las dos provincias más bellas de Cuba están en los extremos de la isla: Oriente y Pinar del Río.
Eso decía mi profesor de Geografía de Cuba en el bachillerato y luego lo pude comprobar.
Gusto en saludarlo.
Siiempre viajabamos a Oriente, porque mi madre era de Baracoa, y a Espana, porque mi padre visitaba periodicamente a su familia.
No, naci en Baracoa. Vivi como alumno de Dolores en Santiago, mientras mi padres trabajaban en el extranjero, solo 4 anos de primaria, despues vivimos siempre en La Habana.
¿José Antonio, es ud. santiaguero?
Saludos.
Todos los que pasamos por alli, no importa cuantos caminos andados, hemos conocido un LIMITE
No, that “perhaps” esta muy claro para mi, nunca fue un Dolorino, ni siquiera un Lasallino en Heredia 102, ni tampoco un Beleniano..paso por alli, pero no hizo osmosis, y de ello quedo nada.
No creo que alguno de sus companeros haya sido competidor de Cristo, mentiroso compulsivo, cruel mesias o anticubano en nombre de una obsesion.
EL, solo recibio informacion para el continuismo de la crueldad de un Angel alfabetizado. Su intelectualidad se limita a un Mayoral Ilustrado, ilustre en el empleo del latigo, con capacidad histrionica.
Paso por esos maravillosos centros de nuestra aristocracia idealista, como un resentido, estuvo alli, pero jamas hemos estado en EL.
A otro perro con ese collar. Sigamos desmontando el mito.