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Adua la Pedagoga (14)

  • jul 08, 200710:38h
  • 12 comentarios

Un antropólogo encontró en alguna cueva de Anatolia unas pinturas de las que, según él, se podía inferir todo un proceso ritual que se llevaba a cabo cuando los guerreros de una etnia hitita se preparaban para combatir al enemigo. Parece ser que el rey que los comandaba incorporaba previamente la fuerza vital de sus guerreros tomando por el culo los miembros de todos ellos, enchufándose literalmente y absorbiendo por vía rectal, cual si de supositorios se tratara, el semen cargado de sus voluntades que así favorecían la victoria deseada.

Los antropólogos son como los historiadores, que inventan la historia a su propio gusto y hacen funcionar su imaginación ad libitum, cuando no se venden a un partido o iglesia que los gratifique con privilegios y regalos halagüeños a cambio de sus inventos. Muchas de las actualmente llamadas “ciencias humanas” son pura ficción.

Habría que consultar el caso de este investigador con algún psicólogo que hiciese un estudio de su personalidad, para deslindar hasta qué punto lo que él leyó, o creyó entender, en esa pintura rupestre de marras era un sueño erótico personal o una construcción de su espíritu que, buscando becas y avances académicos, quizás dirigió su búsqueda por linderos que pudieran valerle algún avance en ciertas universidades o medios académicos que se sintiesen motivados en seguir acumulando cartas de nobleza y justificar, como si hiciera falta aún, las prácticas homosexuales que en las sociedades democráticas han felizmente alcanzado un estatuto privilegiado.

Cuando la sociedad concede un dedo a una minoría que ha sido anteriormente marginada, está bien visto y sabido que ésta querrá luego cogerse la mano entera. Lo que queda en el fondo de la cazuela es que siempre habrá en el juego y tráfago incesante entre los dos géneros y el abanico de diferencias secundarias que afectan a ambos sexos, una vaguedad de límites y una amplia variedad de senderos por los cuales cada individuo se busca a sí mismo y busca las parejas que le convienen. El sueño de la monogamia como forma natural no se sostiene ni apuntalado por todas las normas y refuerzos que despliegan las diversas sociedades tratando de imponerlo como forma única del verdadero Amor. Esa monogamia mayoritaria, suponiendo que fuera tal, nunca dejaría de compartir el maravilloso terreno de la fantasía polimorfa y el capricho individual. No niego que sea la que mejor convenga al establecimiento de sociedades más o menos legítimamente preocupadas por la gestión del Poder y del Haber. Las que llamamos “organizadas”. Simplemente afirmo que el elemento mercurial que representa el deseo siempre buscará cauces inéditos dentro de las ya de por sí pobres posibilidades naturales de nuestra especie y del mundo en que nos ha tocado vivir. Y ello a pesar de todo el esfuerzo y tesón que esto requiera. Promulgada la ley, inmediatamente se encuentra manera de burlarla, y si dura es la ley, mas duro aún es el deseo de libertad que nos lleva irresistiblemente a revocarla, a trastornarla, a darle la vuelta por donde sea y como sea. A virarla al derecho y al revés buscándole las costuras.

Y fuera de la Ley el mundo nos parecerá siempre más hermoso, por mucho que sea el castigo que nos amenace. Siempre querremos comer de la fruta del árbol del bien y el mal. Y el mango robado siempre nos sabrá mejor.

Perdónenme, entonces, si al contar una parte importante de los recuerdos que guardo de Néstor Almendros he puesto tanto ahínco en tratar de elucidar la cuestión de aquello que tan importante han sido para todos los que nos sentimos atraídos por las personas de nuestro propio sexo. Yo creo que para Néstor, como para mí mismo y para Roberto García York, y para Severo Sarduy y para tantos otros, ésta ha sido la cuestión crucial que nos ha provocado tanto dolor como placer y tantos malentendidos y desencuentros con las sociedades en las que hemos vivido. Sobre todo con aquella en las que nos criamos y que nos dio forma definitiva, es decir la sociedad cubana, tanto la de antes de la Revolución como la que perpetuó de cierta manera las mismas actitudes cuando no las agravó en sus experimentos de limpieza moral y con la broma sangrienta del nacimiento del llamado “hombre nuevo”.

Resignarse y conformarse al imperativo social o religioso es el llamado buen comportamiento, darse el gustazo sin preocuparse del prometido trancazo, está muy mal visto, porque da mal ejemplo. Pero lo peor de todo es cuando un descarado llega a la osadía de gozar hasta del trancazo. Eso ya no lo pueden aguantar. Hoy todo eso es hojarasca que se lleva el viento, y las locas de San Francisco llevan la efigie del Che Guevara sobre sus musculosos pechos convencidas de que quizás fue un músico genial que invento el ritmo mozambique o el diseñador de Buena Vista Social Club, o el apoderado de los Beatles o uno de los favoritos de Andy Warhol.

Fuera de algunos viejos que en Miami frecuentan los mentideros y juegos de dominó situados a lo largo de la Calle Ocho, son muy pocos los que recuerdan los fusilamientos a granel que con alegre y desenvuelto gatillo el idealista argentino ordenó ejecutar dentro de la fortaleza de La Cabaña cuando la ocupó con sus soldados rebeldes recién llegados a La Habana después de atravesar triunfalmente la Isla de Cuba desguabinando casquitos y recogiendo las armas que mansamente les entregaban los soldados del desmoralizado ejército nacional de Fulgencio Batista, ese Capitán Araña que se piró después de meterlos a todos en ese atolladero que fue el intento de represión del alzamiento revolucionario.

Roberto se asfixió a sí mismo fumando cigarrillos y la tos final que se lo llevó llegó a ser tan violenta que en cierto momento le falló el corazón. Sus disfraces fantásticos para los carnavales de Venecia quedaron cifrados en un bello libro en el que posara para siempre con su tronío natural al borde los canales y de la oscura laguna, henchido de sí mismo y regodeándose de la voluptuosa afirmación de su persona.

Severo, de puro aburrimiento se escapaba cuando podía de la manía erudita de François Wahl, escabulléndosele de su castillo encantado e iba a tomarse unas cervezas para luego irse a dormir la mona al baño de vapor de la Rue de Milan donde se dejaba querer por el primero que le hacía gracia entre los vapores de su nota y así entre esas brumas recogió la maldita boleta premiada para el bombo de San Pedro.

La tumba que lo guarda rezuma su tristeza a través de unos ojos abiertos sobre el mármol. Y en vez de flores, versos y collares de perlas, le dio la Muerte rosas marchitas en un ramo.

Y finalmente fue Néstor quien tuvo la razón, aunque ya sepamos que tener razón no le sirve a nadie para nada, porque como profetizo él mismo, fui yo quien quedé aquí hasta hoy para contarlo todo ahora, con pelos y señales.

Ramón Alejandro
París

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12 respuestas
Comentarios

  • PolO dice:

    ¿Cuàndo vas a escribir màs de “La Pedagoga”? Estas,tus historias mariconiles son fascinantes. Adictivas.
    No solo son amenas, sino muestran tambièn “el lado oculto de la luna” con una franqueza y buen humor que invitan al respeto y la simpatìa.
    ¿Por què no las compilas en un libro?

  • Anonymous dice:

    Un libro cerrado nunca se lee.

    El ciego de Avila

  • Anonymous dice:

    amarrense bien los cinturones, porque el libro va y aumentado. Lo que no sabe nadie aqui es que ya Adua esta en el numero 65. O sea, es libro cerrado.

  • buga dice:

    Va a publicar un libro? Será

    “Manual de la mariconería”?

  • Anonymous dice:

    Jose,
    Si los tiene, es los del otro.

  • Jose Antonio dice:

    jajaja…dejen a Ramon Alejandro tranquilo, que tiene co….., como muchos no pueden tener.

  • Anonymous dice:

    me cuadra la pintura, pero la geisha esta del carajo.

    samurai

  • lavenadelgusto dice:

    Me divierto mucho leyendo tus articulos.
    Por favor, Llega hasta:
    Los mil un mediodia de Padua
    la Pedagoga.

    Damian

  • Jose Antonio dice:

    No se puede jugar con Ernesto o Machetico

  • Jose Antonio dice:

    Perdon, “como dices”, lease como has dicho.

  • Jose Antonio dice:

    Ramon, tienes una forma amena de criticar la argamasa judeo-cristina que sostiene el edificio humano del gregarismo.
    Obliga a meditar si el “deseo”, en su locus cerebral se descarrila en un mandato antisocial (el mango robado sabe mejor), en pos de encausar erratas de lo establecido en su imposicion al individuo; o es una compulsion aberrante mas como el alcoholismo, cocainismo, tabaquismo, el jugador obsesivo. Todo comportamiento en que se disfruta mas el deseo, sintiendolo y buscandolo, que satisfaciendolo cuando se alcanza el objeto deseado.
    El jugador no satisface su deseo ganando o perdiendo, sino en la incognita y el riesgo de lo que sucedera.
    Encuentro magistral tu exposicion, y me apena que concluyas tus entradas.
    Falta por saber si la alienacion individualista, en su lucha contra el gregarismo natural, es un mandato quimico-genetico. Un recurso mas de nuestra especie, o por lo contrario, como dices, es un estado natural del hombre, victima de que le hayan puesto los judeo-cristianos, una cincha a sus deseos.

  • A.T. dice:

    Ramon, yo que a veces he sospechado de tu horror vacui tengo que felicitarte por esa pintura (titulo?). Pero Detras de tu habitual hiper- inflorescencia, percibo una leve y eterea sobriedad, un espoir faible, peut-etre.