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Un discurso de Jorge Mañach

  • Jul 06, 200721:11h
  • 14 comentarios

jorgemanach

Rebuscando entre la papelería de Eugenio Florit en la biblioteca “Otto G. Richter” de la Universidad de Miami, me encontré hace unos meses este discurso que escribió Jorge Mañach para un homenaje organizado por el Ateneo Cubano de Nueva York, en enero de 1960. Todo parece indicar que se trata de un texto inédito. Mañach no pudo viajar a Nueva York, y desconozco si finalmente su discurso fue leído por Florit en el Ateneo, un lugar que, a juzgar por algunos testimonios, no estaba a salvo de turbulencias ideológicas.

Se trata de un texto curioso por varias razones. En primer lugar, porque demuestra cómo hasta el último momento el más lúcido de nuestros liberales creyó que la Revolución de 1959 representaba una promesa legítima de justicia social. Unos meses después, como se sabe, sus ilusiones se desvanecieron: el 10 de julio publica en Bohemia su artículo “La Universidad y la Revolución”; en septiembre es jubilado forzosamente de su cátedra universitaria, y en noviembre se exilia en Río Piedras, Puerto Rico, donde morirá siete meses después, el 25 de junio de 1961.

Hasta qué punto fue Mañach un intelectual representativo de la República es tema que admite poca discusión. Pero también es cierto que cuando la naciente Revolución inicia eso que Rafael Rojas ha llamado “el desmontaje intelectual de la República”, un Mañach demasiado ingenuo cae en la tentación de celebrar el desplome de la matrona que lo ha engendrado y justifica la debacle revolucionaria como “una suerte de impaciencia hacia lo particular, menguado e incompleto; una prisa… no ya metafísica sino histórica”.

Con retórica de tribuno, Mañach le cuenta a los exiliados cómo un siglo antes, Martí, poeta en acción, consiguió disipar un estado de ánimo reformista, mesurado, prosaico, para infundir voluntad poética a la nostalgia pura de los exiliados. Y tras esa gigantomaquia metafísica de la Poesía contra la Prosa desemboca, por fuerza, en la revolución de Fidel Castro, cuyo “ángel” ya había celebrado en un artículo del Diario de la Marina, y cuya misión vuelve a ser evocada en este discurso con un entusiasmo paradójico en un verdadero liberal. No se dejen influir —dice— por la “mala prensa” que tiene la Revolución en Estados Unidos. Hay errores, pero todo se irá “podando y ajustando”. Mañach intenta convencer a los escépticos de que la de Cuba es una revolución democrática, inspirada en el ejemplo martiano. Y nadie mejor que él para llevar a cabo ese peligroso ejercicio de legitimación intelectual, con el que la Revolución engañó a medio mundo. Fidel lo sabía. Tal vez por eso —como consta en una de las cartas que la viuda de Mañach escribió a Florit, y que puede consultarse también en la citada papelería que custodia la Cuban Heritage Collection— llegó a proponerle a Mañach enviar un avión a buscarlo a Puerto Rico.

Casi cinco décadas después, tenemos bastantes elementos para reflexionar sobre las verdaderas consecuencias de ese romántico “impulso creador” que Mañach atribuyó a la Revolución y a su carismático líder. Sin embargo, es imposible no emparentar la gran apuesta de este discurso suyo en favor de un fecundo espíritu poético que consiguiera catalizar la pasión sublimada de los emigrados, con los célebres avatares de la teleología insular de su antiguo contendiente en la arena intelectual, José Lezama Lima, quien ese mismo año de 1960 (¡y ese mismo mes: enero!) afirmaba: “La Revolución cubana significa que todos los conjuros negativos han sido decapitados”.

Léase con atención este resumen de la “circunstancia martiana”:

El país estaba fatigado de una ardua lucha de diez años, colmada de heroísmos pero frustrada en sus designios políticos absolutos, victoriosa sólo en la abolición de la esclavitud y en la conquista de ciertos derechos de organización cívica y política. Esa fatiga, esa frustración parcial, determinó el que, durante dos décadas más, el separatismo quedase como en suspenso o, por lo menos, desprovisto de ímpetu revolucionario, y que las nuevas consignas cubanas se desplegasen principalmente bajo un signo evolucionista. Así pensaban casi todos los oradores y los prosadores de aquel momento histórico. No eran menos cubanos por eso; sencillamente tenían una diferente mentalidad. Ante ella se abultaba decisivamente el hecho inmediato; la posibilidad concreta, la perspectiva próxima. No idealizaban el hecho cubano: lo tomaban en su nuda y más aparente realidad y consideraban temerario todo lo que fuese el salto histórico, es decir, la Revolución. Para mí, lo más grande de Martí acaso fue su aptitud para superar aquel estado de ánimo.

Quién lo iba a decir: ¡Mañach contándonos la historia del potens! ¡Mañach apostando por la poesía encarnada en la historia, por el “entusiasmo convertido en sacrificio”, en detrimento de una prosa que “atiende a los hechos y a las significaciones”, que aunque también contempla ideales “suele hacerlo en función de los hechos mismos y de su análisis”! Se sobrecoge uno ante ese momento en que la Revolución está a punto de convencer al intelectual liberal y “prosador” de que apueste contra sí mismo para renacer con la apariencia de su opuesto, el poeta.

Hay aquí toda una historia de pasiones reprimidas y ocultas que sale a la luz en un exabrupto retórico. ¿O tal vez a esas alturas a Mañach ya se le hacía fatigoso ser Mañach, el liberal idéntico a sí mismo, y por eso no le fue difícil cambiar “cierta mesura y discreción que es lo que, en términos políticos, solemos llamar el espíritu moderado” por las dudosas virtudes del romanticismo revolucionario?

La otra gran pregunta que deja pendiente el discurso del Ateneo es hasta qué punto detrás del experimento del Dr. Castro, a todas luces fracasado, no está también el romanticismo revolucionario de José Martí. ¿Por qué poner en duda la autorizada opinión de un liberal martiano, que en este discurso quiere mostrarnos la profunda filiación romántica de la Revolución? A lo mejor Mañach tenía razón. Tal vez ese martiano “poner de moda la virtud” fue el umbral de todas las inquisiciones y debacles que siguieron, y de las que hoy solemos lamentarnos con esa mezcla de escepticismo, desencanto y amargura que casi define la condición de nuestro exilio.

Ernesto Hernández Busto
Barcelona

14 respuestas
Comentarios

  • Fue Carlos Loveira, segun tengo entendido, el que escribio las mejores cronicas de aquella mania casi enfermiza, entre nosotros los cubanos de figurar titulos y mas titulos, sin dejar de aceptar el hecho de que podemos preciarnos, conforme nuestra amplitud geografica y demografica, valga la cascofonia, de nuestra elevadas potencialidades intelectuales y humanas, como un fruto que no termino de erguirse en su totalidad, debido a la entrada en escena de la dictadura de FC, impedidos de cosechar las premisas acumuladas hasta entonces, no por gusto la decada del cincuenta era la mas prometedoras de nuestra historia, sin embargo estoy de acuerdo con el compatriota que prefiere nuestra existencia estribe en lo sencillo y familiar, ojala que pudieramos construir ese pais, sin rimbombancias populistas y caudillos que quieran tocar el cielo. Quisiera que me perdonen los compatriotas, si en algo me equivoco, se me escaparon muchos testimonios directos y cuando naci, ya el satrapa estaba encaramado en la silla, o tal vez mejor, reinando en el infierno.

  • Yane dice:

    Bueno, me parece especialmente bueno que salgan a la luz textos como este. Pero quien se leyera con calma, no queriendo encontrar nada, sino simplemente leyendo, un título como Religión y Libertad en América Latina de Mañach, no se asombraría del todo.

  • La Mano Poderosa dice:

    a,t.
    Tienes razon en lo que has escrito, pero por que es que los intelectuales, tan inteligente que son, caen en esas trampas? Pensar mucho, analizar todo, y escribir como debe de ser, es lo que a veces nos desvia y traiciona la humanidad. Simplicity is the key which opens the universe.

  • A.T. dice:

    Ernesto: Durante el 58 y el 59 Manhach tuvo francas esperanzas con el Fifo. Juan Marquez un medico amigo muy querido que murio el anho pasado y muy amigo de Manhach me ha hecho los cuentos. El difunto Tamargo me contaba que eran pocos los que dudaban. Hoy es dificil comprenderlo; es como una disonancia que tienen que ver con tiempo y lugar. Era un momento muy optimista de una republica pujante en lo economico pero inmadura en lo politico. Sigue escarbando para nuestro placer.

  • el gato con botas dice:

    Juan Antonio, “fatiga” siempre la hubo. “Desencanto” también. La popularidad de FC está propiciada por el desespero ante Batista, y la reserva ideológica de una intelectualidad revisionista que viene desde los años 30 y 40. Marinello, Manach, Roig de Leuchsenring, Ortiz etc, etc.

    Los grandes discursos de la revolución parten de esa elite letrada: el mito de la única guerra, la critica a los EE UU, la crítica a la republica, Martí como el Apóstol intelectual, etc. A estos mitos FC adiciona otros: la lucha armada, el hombre nuevo, etc heredados de los rusos.

    Según mi punto de vista, Manach cae en la trampa. Pero puede ser también que solamente estuviera tratando de buscar un lugar en la nueva república, que sus primeras declaraciones no respondieran a lo que realmente pensaba, en cuyo caso solo estaría montando un teatro.

  • Anonymous dice:

    Esa salacion venia anyway, fueran cuales fueran las variadas “fuentes teoricas”, como dicen los hermanos Marx. Nos toco el freak y nos jodimos.
    machetico

  • Jose Antonio dice:

    Creo, si alguien no me convence de lo contrario, que existe una similitud entre el desgaste y fatiga de los intelectuales cubanos, en el periodo republicano desde el 40 al 59 y la Generacion del 98 espanola, culminado en la dictadura de Primo de Rivera.
    Alli evoluciono a la Republica, y en Cuba a la Revolucion.
    El Fidel Castro de entonces, y el Innombrable de hoy, se desarrollo dentro de este ideario republicano fatigado, en el bebio toda clase de leches, y en la soledad paranoica del Poder entendio lo que todos los que lo asumen entienden, escogio sus huestes, no vacilo en remover obstaculos o condenar al ostracismo. Asi subio Marinello y bajo Manach. En su mapa de ruta no habia espacio para los dos.
    La virtud Martiana se entiende, hasta el punto en que se toma el poder, desde alli, solo sirve para dopar las masas y proyectar el discurso evangelizante. El poder y la politica no son virtuosos. Demagogicos, intrigantes, crueles, seductores, falsos, pragmaticos si, pero no virtuosos.
    Asi, mas le valio a Marti morir en Dos Rios, que asumir la verdadera Presidencia. Su virtud ha sido el opio de las masas administrado desde donde nunca ha existido.
    Manach catolico, liberal y martiano fue un vehiculo mas para la insospechada creacion del monstruo. Buscaba su espacio de supervivencia en la evolucion de su realidad contemporanea consecuentemente honesto en su virtuosismo martiano. Pero ya lo habia dicho Gabriela Mistral en su visita a Dulce Maria Loinaz: “Manach nunca sera revolucionario, me quedo con Marinello y Vitier”
    Lo entendio a tiempo, y si hubiera aceptado el avion, le esperaba el destino y vida de la Loinaz. Hoy no habria que estudiar y revisar su obra, habria que desenterrarla.

  • La Mano Poderosa dice:

    Me da mucha risa tantos titulos que existen en nuestra cultura, tales como intelectuales, pensadores, eruditos, etc. Sin duda Mañach fue un señor de conocimientos y escritor de ideas, pero tambien los titulos destruyo nuestra nacion. Titulados como el libertador, los revolucionarios, lideres, ejemplares, y patriotas. Cuando voy a tomarme mi cafe a las dos de la tarde en Peresosa, disfruto al poder conversar con algunos “guajiros” o los no titulados. Existe algo bello en lo directo y sencillo, en ver las cosas como son, expresarse directo al caso, sin vueltas por un camino semantico, sin tener que oir como se piensa ser, o puede ser, o debe ser, sencillamente como lo es. Al pensar tanto con una mente tan abierta, existe el gran riesgo de perderlo todo, o mejor dicho, caer en el vacio, perder el pensamiento autentico. Mejor es ver las cosas como son, de esa manera no tienes que cambiar de opinion, es lo que es! Mejor seguir una estrella, y de esa manera no te pierdes en el mar.

  • Anonymous dice:

    Pues yo prefiero al Manach que unos meses despues -tampoco hay que perder de vista ese dato- apoya la invasion de Playa Giron…

  • Anonymous dice:

    “Hasta qué punto fue Mañach un intelectual representativo de la República es tema que admite poca discusión. Pero también es cierto que cuando la naciente Revolución inicia eso que Rafael Rojas ha llamado “el desmontaje intelectual de la República”, un Mañach demasiado ingenuo cae en la tentación de celebrar el desplome de la matrona que lo ha engendrado y justifica la debacle revolucionaria como “una suerte de impaciencia hacia lo particular, menguado e incompleto; una prisa… no ya metafísica sino histórica”.
    […]
    “¿Por qué poner en duda la autorizada opinión de un liberal martiano, que en este discurso quiere mostrarnos la profunda filiación romántica de la Revolución? A lo mejor Mañach tenía razón. Tal vez ese martiano “poner de moda la virtud” fue el umbral de todas las inquisiciones y debacles que siguieron, y de las que hoy solemos lamentarnos con esa mezcla de escepticismo, desencanto y amargura que casi define la condición de nuestro exilio.”

    Puedes seguir regresando a Martí para alegría de tu gradería o puedes seguir la vía más prudente, que encontrarás no en la afirmación de que Mañach fue “un intelectual representativo de la República”, sino en el significado de tal etiqueta. Y encontrarás un intento de continuidad de un papel. No hubo tal desplome de las instituciones intelectuales de la República aunque sí una variación del clásico movimiento estático de las revoluciones, de cambios de jefatura y sobre todo de membresía. Nuestro Mañach buscaba mantener su espacio. No puede ser cierto en un ser tan arrogante que se tratara de un ingenuo haciendo su viaje a Siracusa. No parece tratarse por falta de antecedentes de un caso más del intelectual que se deja llevar por las pasiones. Su retórica demuestra las alturas didácticas del reconocimiento, y, en consecuencia, de la necesidad imperiosa de un espacio. La viuda asegura que FC “llegó a proponerle a Mañach enviar un avión a buscarlo a Puerto Rico” –sería interesante ver esa carta, la de la propuesta de FC, pues se aproxima al mismo argumento esgrimido por Ramón Vasconcelos, y que fue exactamente al revés–, lo que puede leerse como otro caso del oportunista desplazado que intentaba salvar lo que ya no que le quedaba. Interpretación y no ortografía, estimado Ernesto.

  • El gato con botas dice:

    -Buen artículo Ernesto. Me sugiere dos cosas. 1. Al crear una continuidad entre FC y Martí, Mañach está repitiendo lo mismo que había dicho FC años antes cuanto atacó el Moncada. El viejo simplemente cae en la trampa, como muchos otros de su epoca.

    2. No me parece extraño tampoco que Mañach critique la república que lo engendró, ni que Fidel Castro le haya dicho que lo mandaba a buscar en un avión particular. La revolución lejos de “desmontar” la república (tesis de Rojas), se apoyó en el discurso de sus intelectuales “revisionistas” de los años 40 para criticarla a ella y los EEUU.

    Estos intelectuales revisionistas serían los padres espirituales de FC. Típico complejo de Edipo….

  • Anonymous dice:

    No me sorprende Mañach era un librepensador pero con pieses sobre la tierra

  • Duanel Díaz Infante dice:

    Interesante documento. En efecto, da bastante qué pensar. Habría que sacar a la luz más documentos de esos primeros meses del 60, que fueron clave.