- jun 26, 2007 • 11:29h
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En 1960, el Departamento de Extensión y Relaciones Culturales de la Universidad de Oriente reeditó el libro Conversación con nuestros pintores abstractos que en 1958 había publicado en La Habana Juan Marinello (1898-1977). Más que una “conversación” el libelo actualizado del viejo comunista es un soliloquio contra aquellos pintores cubanos que, en los albores de la Revolución triunfante, continuaban por las sendas de la abstracción haciendo caso omiso de las consignas que exigían un arte “socialmente comprometido” con los nuevos tiempos.
El librito carecería de mayor interés si pintores como Antonia Eiriz y Umberto Peña no hubieran sufrido el ostracismo justamente por no haberse plegado a las exigencias reclamadas por Marinello: la asimilación de la estética del Realismo Socialista aplicada al mundo de los obreros y campesinos de la Isla. Y si otros, como Servando Cabrera Moreno, no hubieran tenido que encubrir la sensualidad de sus figuras con un simulacro de vítores épicos.
Aunque no lo dice por las claras, a Marinello lo que le molestaba era la influencia del expresionismo norteamericano en la pintura cubana de la década del cincuenta. Para velar el verdadero motivo de su descontento cree necesario remontarse a Mondrian, Kandinsky, Miró, Klee, Delaunay y otros pintores europeos abstractos, y sentenciar que la participación de todos ellos en “el drama del hombre consiste en ignorarlo” y que sus obras “sin el intento de una explicación de sus ocurrencias parecerían un juego baladí”.
Para Marinello no cabe duda de que la abstracción en Cuba se debe a un “contagio externo”: un cáncer alentado por la clientela burguesa dispuesta a sacrificar el arte para que éste no se convierta en instrumento de denuncia mediante la figuración. Según el crítico, el arte tiene un sentido social sin el cual no tendría razón de ser y el “caudillo” abstraccionista vive de espaldas a todo ello, en el cruce de alucinaciones líricas que pretende convertir en normas estéticas.
Llegado el momento de evocar la pintura mexicana contemporánea (Orozco, Siqueiros y otros) Marinello está obligado a ser más cuidadoso, debido a la notoria filiación comunista de los muralistas mexicanos del período. Para ellos encuentra justificación en la tradición precolombina y en los motivos geométricos de sus representaciones, y expresa que Diego Rivero al pintar en la Iglesia de Chapingo no ha rebajado el nivel de su arte si no que más bien lo ha ofrecido como continuidad entre la cultura precedente y el México de entonces.
Sin embargo, la “epidemia abstracta” no tiene justificación alguna en el caso de Cuba. En el penúltimo capítulo titulado “Decisión” (que más bien debería llamarse “Dictamen”), el autor decreta que el artista cubano que no entienda sus razones es porque ha “decidido agotarse del lado de allá de la trinchera”, o sea, en el bando de los enemigos. Para él nada más claro que la superación de la tautología geométrica incluso en los países en que logró implantarse. (La plástica de nuestros días prueba cuánto se equivocó). El pintor cubano tiene, en lo adelante, la obligación de colaborar en una tarea “de relieves históricos” para cumplir su destino y el de la nación. En Cuba no hay lugar para un Guernica, ni para el muralismo mexicano. Según Marinello, son las tinieblas de la amenaza imperialista el peligro inminente y contra él (y en él) puede encontrar el artista suficiente motivo de inspiración.
El libro de Marinello se reeditó en mayo de 1960, o sea, un año antes del affaire “PM” y de la reunión de Fidel Castro con los intelectuales en la Biblioteca Nacional. No he encontrado una publicación semejante en esa época que escamotee con tanta impertinencia la libertad de expresión en el ámbito de las artes. Probablemente haya sido (al menos en la pintura) el primer manual de censura revolucionaria. De él es necesario partir para analizar los efectos de la misma en la plástica cubana de finales de los sesenta y los setenta (Aldo Menéndez, Félix Mederos, Raúl Martínez, José Cedeño, entre otros malogrados del realismo socialista).
En una vieja Bohemia de 1939, la periodista Herminia del Portal dedica un reportaje a las aspirantes a Primera Dama de la República. Entre las fotografiadas, posa María Josefa Vidaurreta, esposa de Marinello, en un ambiente humilde, frente a una mesa de madera y con un jarro de esmalte delante. Se diría casi que se trata de una casa campesina. En su libro Inventario de saldos, Ernesto Hernández Busto rescata el episodio en que Juan Ramón Jiménez, hospedado en el Hotel Vedado (actual Victoria) cuenta cómo Marinello, acabado de llegar de México, le niega su mano ensortijada al asturiano José Méndez, entonces jefe del comedor del hotel. Las dos imágenes contrastantes, pose y realidad, abstracción y figuración, retratan mejor que sus libelos la verdadera esencia de la vieja guardia comunista en Cuba.
Willian Navarrete
París




El personaje mas surrealista que ha parido la Isla:pintor,homosexual y guaguero de la ruta de Parraga.
Quien conoce los suicidios anteriores del ex guagüero y luego gran pintor ?
Fumarolla,
Acosta León no viene al caso. Estaba en París hasta 1964. Se suicida tirándose al mar desde el barco que cubría la travesía Amsterdam-La Habana, antes de llegar a Cuba. Había tenido varios intentos de suicidio cuando vivía en la Casa Cuba de la Ciudad Universitaria de París, según testimonios de otros pintores cubanos que también estaban allí. Hay especulaciones al respecto. De cualquier forma no sufrió las “recomendaciones” de Marinello.
Villena era un singao y escribió buenos cuentos y poemas.
Recomiendo la,lectura de Marinello, que era un gran escritor, un gran lector, un gran crítico y un gran ESTETA… Mañach es un chapucero comparado. No por ser estalinista y represor se es mal escritor.
Excelente articulo. Difiero en qu Marinello sea un gran esteta o no sé qué. Era un rabioso robespierrano.
Navarrete no menciona a Acosta Leon entre los que se perdieron temprano por culpa de esto. Why ?
Roca era un pobreton. Los otros unos burguesones.
Alguien me ha dicho que los viejos comunistas de Cuba (Marinello, Roa, Carlos Rafael Rodriguez, Guillén, etc) eran los cubanos más cultos.
No sé si Blas Roca entra en la cuenta.
Pero el caso es que aunque no sé si eran los más cultos sí puedo decir que eran todos afectos al medio de vida muy burgués…
No, no, el artículo es bueno por sacar todos esos datos a la luz… por su lectura de autores y hechos. Bien.
Ahora, además: Marinello es uno de los grandes escritores que ha dado Cuba. Y uno de los más importantes estetas.
Pues a-normal no entendió el artículo pues en él se dice justo lo contrario… Con lo cual prueba que él es tan brillante como Marinello, que al parecer leía al revés.
Magnífico artículo. Marinello es el más importante esteta, y uno de los grandes escritores, que dio Cuba.
Félix René Mederos Pazos, en efecto. Pero no nació en Sagua, sino en La Habana el 20 de noviembre de 1933, ciudad donde murió en septiembre de 1996.
William Navarrete
Quisiera ver un cuadro de ese Cedeno. De que periodo es?
Aldo Raul Martinez Menendez
Jose Cedeno no sera entonces Nelson (Jose Dominguez) Cedeno, figurista comprometido, confundidor y prospero?
Prosper Marry Me
Artistas cubanos: Braulio Bedia, Ramon Acosta, Ines Castaneda. Quien los reconoce con el segundo o primer nombre que muchos llevamos y no usamos? Mederos siempre fue Rene Mederos. Los figurativos cubanos no pueden ser echados todos en el mismo saco. La figuracion al otro extremo del espectro ha sido a veces efectiva contra el discurso totalitario como mismo cierta abstraccion (ciertos abstraccionistas, mejor) “apolitica” y genuflexa le ha hecho la pala a la dictadura.
mach
Mea pulpa.
espadita maniguera (dieresis en U)
No Machetín, en realidad se llamaba Felix René Mederos Pazos, y era oriundo de Sagua. Te cogí fuera de base…
William: Mederos era Rene.
machetico
Navarrete, me traes a la memoria a Jose Antonio Portuondo en sus conferencias sobre Kandinsky.
Mi admiracion por Marinello, comenzo a desanimarse por aquellas epocas de “Si esto no es Comunismo, ?que hace Marinello en Moscu?”