- jun 25, 2007 • 09:47h
- 7 comentarios
En un artículo anterior publicado en este blog traté del temor que algunos sienten por esa avalancha de cubanos recién llegados al exilio, que no creen que las restricciones del gobierno de los EE UU hacia Cuba hayan surtido efecto o tengan una base moral. Cada vez, un mayor número de estos cubanos (y por supuesto, también norteamericanos), reclaman inconformes un cambio de política. Temerosos ante esa ola desordenada de parvenu y políticos de toda clase, articulistas y partidarios del Partido Republicano se han atrincherado en el status quo para criticarnos. Esas pugnas, cuando lo permiten los medios de comunicación del exilio, tienen lugar en campo abierto, pero muchas otras veces pasa encubierta. En todas ellas, no obstante, subyacen los mismos temores:
1) que ganen los demócratas y barran todas las restricciones,
2) que aumenten sus filas con los cubanos del exilio inconforme,
3) que se deje de considerar el embargo como la única forma válida de lucha contra la tiranía. De estas tres razones, esta última es la que creen más peligrosa.
La retórica de estas pugnas políticas es similar. Los conservadores se ubican en un lugar superior (política, histórica y moralmente) al de los sujetos de quienes hablan, se autotitulan los herederos de una tradición con genealogía numerosa, y desubican a los otros, con el objetivo de sacarlos de su entorno, (tanto que si les fuera posible, los mandarían de vuelta a Cuba). El “pecado original” de todos estos parvenu es haber nacido en Cuba y haber pasado por todos los rodillos de la enseñanza comunista. Eso es suficiente para que los tilden de débiles con el castrismo e intoxicados con su ideología.
Convertir al opositor en alguien abyecto para excluirlo del debate político es algo que se ha usado muchas veces contra todas las minorías. Ha sido siempre la táctica del más fuerte, de aquel que le impone por la fuerza al más “débil” un rótulo, un emblema, o simplemente una estrella. Fue la táctica, por ejemplo, que utilizó la periodista invitada al programa “A mano limpia” de Oscar Haza para deshacerse de tres chicos jóvenes e inexpertos que sólo pedían que se les oyera y los dejaran ir a la Isla a visitar a su familia. No importa cuántos baños con Palmolive se dieran en Miami, siempre iban a oler mal para estas narices tan finas. Coincidentemente, el gobierno de la isla también recurre a este tipo de tácticas disuasorias cuando quiere deshacerse de los disidentes. ¿Por qué entonces nos empecinamos en calcar los mismos gestos autoritarios de un sistema que aborrecemos? ¿Cuál es la humanidad distinta y la ética superior que predicamos?
De más está decir que la tolerancia no es el punto fuerte de estos políticos, lo cual le ha ganado la fama de ser “el mismo perro con diferente collar”. El problema está en que no importa lo que digan o hagan estos conservadores: Miami ya no es la misma de antes, y son muchos menos los cubanos que piden asilo político que los que llegan a EE UU por el sorteo de visas. No es oportunismo ni una apuesta por el más fuerte; es simplemente reinventar la política si la que tenemos no funciona.
Tal vez algún historiador explique algún día esa rara conjunción de motivos personales que llevó al exilio histórico a abogar por una política más dura contra La Habana y contra los exiliados más jóvenes. Tal vez estos mismos conservadores lleguen a cuestionarse la validez moral de usar como medio para obtener un fin a miles de familias cubanas. Poner a un lado estas preguntas e insistir en una táctica fracasada es un error. Creo definitivamente que sí se puede abogar por una política más humana y, al mismo tiempo, criticar la dictadura. Es más, diría que esa es la única posición posible en las circunstancias en que estamos y que hacer lo contrario sería política y moralmente incorrecto.
Los conservadores, tienen que dejar de tenerle miedo al vacío que significaría una política sin embargo. Ese horror vacui, esa orfandad terrible de verse sin armas para enfrentar a un régimen despótico y tiránico, no puede ser una pesadilla ni debe impedir buscar formas más creativas, pragmáticas y humanas de enfrentarla. Desde ahora deben convencerse de que su derogación no significa el fin de la oposición, tal y como la conocemos.
Indiscutiblemente hay otras formas, tal vez más efectivas, que pueden cristalizar esa humanidad que predicamos en el exilio: “con todos y para el bien de todos”.
Jorge Luis Camacho
South Carolina






Quise decir Camacho. UnFreudian slip.
Y en la foto, ¿Quién es el conservador? ¿Ichikawa o el otro?
Otra nota curiosa:
“Camacho, a partir de hoy comenzarán a tildarte de “comunista”, porque traspasaste la barrera de la mansedumbre y el límite de la crítica posible.”
Por su redacción parece ser un exiliado reciente, afrancesado (vestigios del marco tardío del estructuralista: “el límite de la crítica posible”) y obsoleto (por lo de “tildarte de “comunista”).
Sin embargo es poco probable por el horario que se trate de un exiliado resentido miamense en búsqueda de un reconocimiento imposible.
Así que se trata de Eliades Acosta (¡Te agarré!).
Camacho, a partir de hoy comenzarán a tildarte de “comunista”, porque traspasaste la barrera de la mansedumbre y el límite de la crítica posible.
No has visto como hay quienes, “a todo dicen que sí, a nada dicen que no…” . Esos se están quedando fuera de moda.
Tu artículo está fabuloso.
Estás claro.
Muy buen artículo Pomar. Y anónimo: pero claro, si los conservadores dedicaran más tiempo a crear un política clara y efectiva en lugar de a defender su castillito, a lo mejor hubieran logrado mejores resultados.
Por ejemplo, los conservadores históricamente han perdido la batalla de las relaciones públicas contra el régimen. Cómo un grupo desposeído y exiliado -víctimas- se las arreglan para hacer que delante de la opinión pública su victimario luzca mejor, denota ignorancia, arrogancia y miopía. La razón por la cual me revienta esto tanto es porque no se dan cuenta del daño que han hecho cuando se ignora a los disidentes, a las damas de blanco, a la masacre de hermanos al rescate, etc.
¿Podrían los “conservadores” mantener una política agresiva contra la tiranía si les quitan el embargo? Yo creo que sí. ¿Cómo? Habria que ver.
El argumento de este artículo se quiebra –o triunfa, dependiendo de cuál sea el objetivo entre líneas del autor–, en la frase “de verse sin armas para enfrentar a un régimen despótico y tiránico”. La eliminación del embargo produciría sin remedio de la desaparición de la fracción más “conservadora”. Como argumento no es muy diferente al de ellos al decir que los posteriores son “débiles con el castrismo e intoxicados con su ideología”. La intención o el resultado es el mismo: silenciar al otro. Pero es de una infalible ingenuidad intentar reformar la cartografía política. Sin la presencia de los denominados conservadores el supuesto “centro” desaparece, que es por esencia variable y en este caso, especialmente débil, pues sólo puede confirmarse mediante el poder de los extremos. Curioso artículo: una mezcla de afecto y pensamiento popular isleño –como el de los jóvenes—con una proposición tan sencilla que sólo puede dar como resultado más de lo ya impuesto.