- jun 13, 2007 • 19:20h
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La 13 suele ser la página que el periódico La Vanguardia dedica a sus noticias sobre Cuba. Le viene bien el fatídico número porque casi siempre son malas noticias las que nos trae el corresponsal Fernando García. Hoy, sin embargo, hay más motivos de preocupación. Al artículo de García titulado “Obesos con cartilla de racionamiento” lo acompaña otro, más preocupante, del enviado especial a Caracas, Joaquim Ibarz, sobre la “cubanización” de las comunicaciones venezolanas. Ibarz entrevista a Antonio Pasquali, destacado investigador mundial de la comunicación, que le cuenta sus serias sospechas acerca de maniobras chavistas para controlar Internet y las comunicaciones telefónicas.
Para Pasquali es preocupante que se esté tendiendo entre La Guaira (Venezuela) y Siboney (Cuba) un cable submarino de fibra óptica de 1.552 kilómetros de longitud, “con una capacidad monstruosa… sin aplicación en una isla muy atrasada tecnológicamente”.
El nuevo cable multiplicará en más de 2.500 veces la capacidad de comunicaciones de Cuba. Para Pasquali, esta inversión es un misterio: la densidad telefónica cubana es de las más bajas del mundo. El número de conexiones a internet es el menor de Latinoamérica y Cuba es uno de los 13 países que más censura internet. Pasquali cree que el régimen lo mantiene en estado de subdesarrollo para facilitar un control total.
El cubano normal no puede usar internet. Sólo funcionarios escogidos tienen acceso a información censurada. Pasquali se pregunta qué se oculta al ampliar la capacidad informática de Cuba. “Con una décima parte de la capacidad de ese cable se podría desviar a La Habana todas las conversaciones telefónicas venezolanas para espiarlas”, subraya.
Chávez otorgó a una empresa cubano-venezolana un contrato para expedir el documento de identidad y el pasaporte de los venezolanos. El pasaporte electrónico muy sofisticado, incluirá un chip que almacenará datos importantes del ciudadano. De esta manera se entrega la información de 26 millones de venezolanos a un Gobierno extranjero.
“Me da terror pensar la información que pueden meter en mis documentos, a disposición de los cubanos”, subrayó Pasquali.




Ramirito speaks:
“Es más duro restablecer que construir”, dijo Valdés. “La lucha por el orden y la disciplina, por los valores del trabajo y por los valores de lo que cada cual es y no de lo que cada cual tiene, es quizá la prioridad más alta que hoy tenemos los revolucionarios”, añadió en alusiones a la caída en el nivel de vida, el desinterés en el trabajo formal y la desigualdad social, fenómenos heredados de la crisis.
Al vincular las salidas con la vigencia del sistema político y social, Valdés remitió tácitamente su argumento al discurso de Fidel Castro del 17 de noviembre de 2005, en el cual el mandatario, ahora convaleciente, advirtió que el socialismo en la isla podía derrumbarse por acción u omisión de los propios cubanos.
Valdés subrayó que las soluciones implican un esfuerzo nacional. No se puede “plantear que hay alguien a quien pueda confiársele las tareas que nosotros, y todos nosotros, debemos resolver. Ese y no otro es el mensaje que tiene que llegar desde aquí a todos los militantes, a todos los trabajadores, a todos los jóvenes, a todo el pueblo cubano”.
Cecilia