- jun 11, 2007 • 12:36h
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En la película de Andy García The lost city podemos ver a un grupo de aspirantes a guerrilleros atravesar un campo en dirección a un matorral. El paisaje se asemeja al de la Sierra Maestra. A juzgar por lo acicalado que aparece cada personaje y sus impecables pañuelos rojos anudados al cuello se diría que más bien buscan un lugar para hacer un picnic. Esta escena y la banda sonora del filme son, tal vez, unos de los pocos aciertos de la película.
En 1984, Fidel Castro celebró en la Comandancia de La Plata, epicentro de su guerrilla, los 25 años de poder. Para ello invitó a un selecto grupo de amigos: el inevitable García Márquez, Carlos Rafael Rodríguez y el nicaragüense Henry Ruiz Modesto, entre otros. También a la periodista norteamericana Patricia Sethi (de Newsweek) y a la fotógrafa Maggie Steber. Poco después, la revista francesa Paris-Match dedicó un reportaje a esta celebración que tituló “La fiesta chez Castro”. En una de las fotos de Steber, el líder cubano enseña a García Márquez cómo desprender con una sola mano la carne de un cordero a la parrilla. Como si se tratase de una proeza, Paris-Match resalta el hecho al pie de la imagen. En otra, Castro posa bocarriba en una hamaca. La imagen es de placidez: la tormenta de la embajada de Perú, el Mariel y el fiasco de Granada son disgustos que pertenecen ya al pasado.
En “Memorias de la Sierra Maestra” —un libro que ya comenté aquí—, de José Pardo Llada, la hamaca de Fidel es más que un motivo anecdótico. En la página 38 el periodista cuenta cómo en su primera noche en La Plata, al enterarse de que él no tenía hamaca, Fidel Castro le prestó la propia con la siguiente recomendación: “Cuídamela, que es la mejor hamaca que pude comprar en Méjico”.
Días después Pardo Llada se halla en Las Vegas, refugio guerrillero cerca de Minas de Frío. Desde allí relata (p. 103) que recibió un paquete enviado por Celia Sánchez con una hamaca nueva y una nota “escrita con cuidadosa letra de imprenta, donde solicita la devolución de la famosa hamaca mejicana que Fidel [le] había prestado y con la que desembarcó en Belic”. ¿Superstición o fetichismo?
Hasta aquí el hecho narrado no tendría nada de particular si no conociéramos el peso de una hamaca yucateca (que muestra de hecho la foto de Paris-Match), así como las imágenes (muy difundidas) del famoso desembarco del Granma en Belic. En mejores condiciones y viajando en avión, yo tuve que desprenderme de mi hamaca comprada en Yucatán cuando comprendí el estorbo que su volumen y peso significaban.
Desde entonces no dejo de preguntarme cómo Fidel Castro pudo cargar con su hamaca mejicana, además de otros objetos imprescindibles (fusil, municiones, etc.) si sabemos (o nos han hecho saber) que el desembarco de Belic fue una odisea al que siguió una tortuosa marcha a través de manglares y bajas zonas costeras del golfo de Guacanayabo. ¿Cómo se las ingenió para arrastrar dicha hamaca por las serranías de Oriente con los casquitos de Batista pisándole los talones (versión oficial)?
Pardo Llada también reproduce una carta que le dirige Fidel Castro, fechada el 13 de noviembre de 1958, en que le explica que no puede mandarle la cámara de fotos por no querer soltar la que tiene ya que lo acompaña desde el inicio y la quiere igual que a su fusil. “Apego de aficionado”, es el término utilizado para justificar la obsesión por el aparato. Quiere esto decir que además de la hamaca, también la cámara viajó de Tuxpan a Belic. Me gustaría que alguien intentara desembarcar a oscuras en una zona de manglares, con un fusil en alto, una hamaca, una cámara y otros objetos, y que esta carga a cuestas tratase de avanzar por intrincados lomeríos para luego ascender las empinadas faldas de una sierra.
Siempre que leo testimonios de campaña de la Sierra revivo las cartas que desde el Presidio Modelo (Isla de Pinos) escribió Fidel a Naty Revuelta. Aquel cautiverio, en donde leía a gusto y preparaba rodajas de piña con jamón, posee a mi juicio los ingredientes necesarios del picnic que parecen dispuestos a hacer los figurantes del filme de Andy García. Lo que no aclara el reportaje de Paris-Match es si la hamaca que vemos en la foto es la misma que Fidel trajo de México. Como tampoco sabemos hoy el destino de ese lecho plácido en el que bien valdría la pena dormir una última siesta.
William Navarrete
París







No habia leido esto, le taladraste el pend… a la pulga, digo al caballo. Volvere sobre este tema que me interesa.
Mis respetos al autor. Articulo que me dio gracia y comparti.
CG
Rita, ayer el propio gallero confeso que fueron setentidos gallos (aunque su meta original fueran ochentidos, como homenaje a los expedicionarios de Tuxpan-Belic). No aumentes esa estadistica, que van a pensar que hubo embaraje con el baro.
Belic Tuxpan
Navarrete, saca una foto de Fidel en trusa o de Celia con las nalgas al aire. Si tienes una como esas entonces me quito el sombrero.
Celia Sanchez nunca se caso ?
Un boys no, una bolla: Celia Sanchez, machonga y brujera.
Centinela
Muy bueno sacar estos asuntos. Seguro el Fifo tenia un boys que le cargaba todo.
qué pasa ahora con el club de bautenses ? No entiendo.
Ichikaweros y bautenses afines: Se volvio a acomplejar el narra. No more comments in his blog. Correct readers are welcome.
Quien ha visto que un bastardo vergonzante, convertido en aristocrata, por la gracia de un apellido, carga bultos, se expone a las balas, o prescinde de sus antojitos.
Lo contrario queda para los ciervos de la gleba, mesmerizados por el mito de la palabra.
Por cierto, no creo que nada valga de la triste pelicula de Andy. El mayor pesar de Dustin Hoffman. Y un gran desengano mio.
Vayanse para Tumiami, que lo que esta de moda ahora es cortarle leva al show de Victor Varela.
El podía llevar la hamaca pues es el Caballo. Ustedes son todos unos envidiosos de su potencia viril. Ya lo dijo Norberto Fuente” su enormes testículos gallegos…”
me gusto mucho esto como todo lo que saca Navarrete. Y es logico que aquello debia ser un picnic mas que una guerrilla.