- may 25, 2007 • 18:10h
- 10 comentarios
En 1959, Fasquelle Editeurs publicó en París el curioso volumen Viva Castro, del escritor Jacques Lanzmann (1927-2006). Novela testimonio, o intento de faction, su título muy bien hubiera podido ser sustituido por otro insinuado en la contraportada, Cómo no vi a Fidel. Sin embargo, por razones comerciales (y de simpatía, supongo), aún cuando el autor no consiguió escalar la Sierra para encontrarse con el líder guerrillero, el libro acabó con ese título tan elocuente.
El relato que emerge de estas 137 páginas, independientemente de su dudosa calidad literaria, no hubiera podido resultar más frívolo. El autor después de una corta estancia en Mérida (Yucatán), donde contacta a exilados cubanos fidelistas y priístas, logra tomar un avión y aterriza en La Habana dos días antes de la fallida huelga general lanzada desde la Sierra, el 9 de abril de 1958.
En calidad de periodista, y para matar el tiempo antes de despegar hacia Santiago, Lanzmann vierte sobre las páginas de su remedo de diario cuanto murmullo oye en las calles de la capital, resumiendo así la imagen estereotipada de Cuba que durante las cinco últimas décadas ha sido un pilar de la propaganda castrista.
Durante el tiempo que reside en La Habana logra visitar lo que a todas luces parece ser la sede de la revista Bohemia, donde es recibido por su director. También visita la Alianza Francesa, una “escuela de niñas ricas”, nos dice, dirigida por una tal Mme. Martinet que se jacta de darle clases de francés a Batista y que, al ser cuestionada sobre los acontecimientos del momento, le responde que si refiere a la situación en la Argelia francesa. Luego, tras una visita obligada al Hotel Nacional (con la consabida moraleja de la mafia y los casinos), el narrador recorre el Malecón e intenta infructuosamente de ver a Ernest Hemingway en el “Floridita”. Una negra artesana que vende collaritos hechos con peonías le cuenta que la Sra. Hemingway era su mejor cliente pues le compraba los collaritos para enviarlos de regalo a estrellas de Hollywood, pero después de la crisis política del país en vez de comprárselos los fabrica ella misma durante horas de paciente labor en la Finca La Vigía. Por otra parte, visita a un grupo de simpatizantes fidelistas de clase media, que tienen preparado un hospital de campaña en su amplia vivienda de La Habana Vieja, previendo la gran cantidad de heridos que arrojará la huelga. Por último se enrola en una banda de turistas norteamericanos, que, cámara en mano, corren a la parte antigua de la ciudad tras el rumor de que la oposición clandestina acababa de incendiarla.
Toda esta bobería es el soporte de la trama del relato pero también el motivo para anunciar, como quien no quiere la cosa, cifras y hechos sacados de debajo de la manga del chaleco: 50 mil prostitutas (en una ciudad de 1 millón de habitantes), 300 mil botelleros que cobran por empleos ficticios, 550 jóvenes fidelistas castrados en Santiago de Cuba en un sólo día, 100 mil dólares semanales como salario de Pilar García (jefe de la policía de Batista en La Habana), 2 millones de importación en relojes suizos para negocios fraudulentos de la clase política y un sinfín de cifras apabullantes que pretenden ofrecer una imagen de la Cuba de entonces. La misma imagen estereotipada que aún hoy prevalece en amplios sectores de la opinión pública en todo el mundo.
De todos los enunciados categóricos de la noveleta, probablemente el único confiable es aquel que dice: “¿qué buena burguesa cubana no está enamorada de Fidel Castro? Quien se le acerca queda como santificado…”.
Al llegar a Santiago, el protagonista se entera de que el gobierno ha hecho correr el rumor de que los rebeldes han hecho explotar el santuario del Cobre. Una vez más, ofrece datos elocuentes de la represión batistiana y cuenta cómo dos jóvenes opositores, después de haber sido torturados, fueron arrojados en el foso de los tigres del zoológico de Santiago… con tan mala suerte que los tigres los ignoran dado lo magullados que estaban. ¿Paroxismo de lo grotesco?
Luego en una reunión de prominentes familias en casa del Sr. Espín, el autor asiste, emocionado, a las confesiones del acaudalado anfitrión quien con lágrimas en los ojos le confiesa hasta qué punto los hijos de familias ricas les habían abierto los ojos a ellos, sus padres, acerca de la necesidad de creer en Fidel Castro como en un Mesías salvador de todos los males que aquejaban a Cuba.
Al final de la historia, el propio jefe de la Policía en Santiago de Cuba, Ríos Chaviano, recibe al narrador en su despacho y lo monta en un avión rumbo a Haití. No sin antes proponerle dos disyuntivas que lo conducirían a idéntico desenlace: “Si Ud. sube a la Sierra yo lo mando a matar y anuncio que fue Castro quien cometió el crimen; pero puede también que sea Castro quien lo mande a matar para luego decirle al mundo ‘miren lo que hacen los batistianos con estos pobres periodistas franceses’ “.
Este libro, ya olvidado y apenas citado, circuló ampliamente en Francia en el momento de su edición. Su autor, a pesar de su carrera irregular y de los múltiples ámbitos en los que ejerció (minero, agricultor, pintor, cineasta, músico, escritor, periodista, etc), no era precisamente un desconocido. Compositor de temas musicales inmortalizados por Jacques Dutronc, Lanzmann compuso canciones que todavía gozan de gran popularidad en este país, e incluso adaptó la ópera-rock Hair en su versión francesa.
William Navarrete
París






No conocia esta faceta de Lanzmann. Gracias.
muy buen articulo. Sigue sacando libros navarrete !!!!!
Poeta ? la verdad que aqui dicen cada idioteces… Navarrete tiene razon. Lo mejor que hizo fue las canciones que cantaba Dutronc. Y eso gracias a Dutronc. Una de esas, Paris s’eveille, que es la mejor.
¿Lanzmann, intelectual de primera línea? Bueno, las canciones no le quedaban mal, y los números de la revista “Lui” que le daban de comer mucho mejor de lo que comía Rimbaud hicieron las delicias de muchas peluqueras. Pero es el clásico gauchiste que se comió el cake con Cuba… el primero de nuestra larga serie de turistas franceses, fascinados con el Fifo.
Me encanta lo que escribe William.
Además….. vive en París. Si alguien debe conocer de la cultura franchute es él. Lo peor es que detrás de los que critican siempre están lo que sí trabajaron para el regimen cubano, instituciones oficiales y embajadas cubanas etc. Me alegra también que Ichikawa haya abierto de nuevo su blog. Asi se hace.
Juancu
La única mediocre es la que escribe el anónimo de las 8.56 pm.
William me dijo que sabe quién es pero que ni canta ni come frutas. Debe estar verde de envidia porque parece que no tiene mucho que decir, y de lo que puede decir algo no tiene ovarios para hacerlo. Felicidades William y por tu artículo en encuentro sobre China lo mismo. Nos vemso en Miami ?
Raul
El articulo de Navarrete es fabuloso. El anónimo anterior debe estar rabiando de envidia. Seguro que no conocía (como yo) a este escritor. Continúa Navarrete, que eres de los pocos que tienes bibliografías tan reveladoras.
Lina
este es un artículo mediocre e ignorante por las razones siguientes: jacques lanzmann se pudo haber equivocado con ese libro que se cita en este artículo, no sería el primero dado que muchos cubanos también hicieron lo mismo en su época; además de que cuando visitó la isla sólo escuchó y reprodujo lo que decían las gentes en las calles, la mayoría de orígen pequeño burgués, o algunos analfabetos orientales; pero no tuvo ni por asomo una carrera irregular, más bien fue un hombre que, pese a los diversos trabajos que realizó, de lo que no hay por qué abochornarse, -arthur rimbaud comió de los latones de basura y es uno de los más grandes poetas de la literatura universal- más bien es digno de admiración, y es una figura de primera línea en la cultura francesa de los últimos 50 años… lanzmann, apellido judío, qué casualidad
Muy buena reseña. Parece que hoy tienen ustedes un día francés…
Bravo William. Estas labores de arqueología bibliográfica exponen al Líder a una luz nueva. Por ejemplo, la asombrosa cantidad de gente que fue a verlo a la Sierra en una de las avalanchas propagandísticas mejor orquestadas de la Historia.Uno siempre piensa que fue sólo Matthews, y olvida que el comunismo es SIEMPRE internacional: esa es una de sus características.
Pobre Batista! Como iba a ganarle a los esfuerzos concertados de una intelectualidad enpeñada en idolizar instantaneamente a Castro!!
¿Quién limpiará su memoria?