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Matando el tiempo

  • May 18, 200700:06h
  • 37 comentarios

Si para Cuba existe eso que Michel Camilo, en su último disco con Charles Flores y Dafnis Prieto, llama “spirit of the moment”, y si, de contra, hubiera que definirlo, diríamos que se trata de una nación que espera la muerte de un caudillo. Quienes desean esperan y quienes no desean esa muerte, igualmente esperan, a pesar de que unos y otros sepan que la desaparición física del líder no necesariamente asegurará el cambio o la permanencia de un régimen no democrático en la isla. Tendríamos, entonces, que detenernos a pensar esa espera, a vislumbrar su horizonte de expectativas, a medir su mayor o menor energía fundacional.

Y he ahí que, a diferencia de hace diez o quince años, la actual espera por la muerte carece de aquella esperanza, de aquella ansiedad redentora de los primeros años postcomunistas. Cuando en los 90 se hablaba de transición o de embargo, de pacto o de invasión, tales palabras parecían aligerarse de su peso retórico y llenarse de realidad ante el espectáculo convincente de la democratización en Europa del Este y América Latina. Hoy, quienes hablan de negociación, de asfixia o de colapso saben que articulan un discurso en el vacío, que lo único real es la muerte de Castro y lo demás es política testimonial, proyección pública de buenos deseos.

La alta moralización que padece la política cubana —fácilmente legible en la mezquindad electrónica que la glosa— tiene que ver con ese avasallamiento de las fantasías, con el reinado indiscutible del “deber ser” en los discursos y las prácticas. Incluso el dato real del que hablábamos antes, la muerte de Fidel, es sólo un hito que consolará a unos e inquietará a otros. Nada más. Desde el punto de vista de la historia política, será más importante el día de la firma de una nueva Constitución, o las primeras elecciones libres o la toma de posesión del primer presidente democrático. Pero esos eventos, si llegaran a producirse, deberán construir su propia significación en una cultura harta de mitos, que todavía no acaba de asimilar la saturación simbólica a que ha sido sometida en el último medio siglo.

Vivir a la espera de la muerte implica, entonces, experimentar un tiempo ingrávido, sin verdadera consistencia histórica, más allá del ritual celebratorio de la agonía del patriarca. Un tiempo que ya no corresponde al Antiguo Régimen revolucionario, pero que tampoco puede ser vivido como el tiempo de la democracia. Entre la vieja y la nueva era se abre el agujero negro del presente: un lapso que no se vive, se pasa, nos pasa, se mata y nos mata. Es, como en la cultura azucarera de la Colonia y la República, un tiempo muerto, concepto que motivó una mala comedia de Jorge Mañach en 1928. “Matar el tiempo” es el gran hobby de la cultura cubana: una forma radical de la espera en la que el “tiempo libre” se escenifica, pero no se produce ni se invoca.

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Hay en toda esa experiencia de un tiempo sin ser, de una muerte sin fin, algo profundamente ritual que tendría otras derivas antropológicas y sociológicas en datos como el alto índice de suicidios y crímenes o el envejecimiento imparable de una población. La muerte planea sobre nosotros. La muestra más reciente del pintor José Bedia, titulada Impulse posee ese aire melvilleano en el que la criatura sola, disminuida, se enfrenta a la inmensidad: ballenas, tormentas, azares, bosques, tortugas. Como un Melville en las Antillas, Bedia procede a una ritualización de la muerte: figuras evanescentes, espinazos por los que bajan ríos de sangre, esqueletos de San Sebastián acuchillados, embestidas, amenazas, cabezas que son cráneos de acero, avanzan a través de montes marcados por los espíritus o navegan sobre un mar de alegorías y signos.

Desde los cultos ancestrales de las Antillas, Bedia parece tender una mano sutil a las representaciones de la muerte en los siglos de la peste —Brueghel o El Bosco. No hay guadañas ni multitudes en estos cuadros, pero sí ataúdes y calaveras, soledades silenciadas en la noche. Porque la muerte ritualizada y comunitaria, es decir, la muerte de un caudillo y un pueblo, de un rey y una ciudad, difícilmente pueden separarse del tópico de la plaga y el Apocalipsis, de aquellas maldiciones históricas que se manifiestan en forma de epidemia. Cuando en el documental Arte nuevo de hacer ruinas de Florian Borchmeyer, Antonio José Ponte cita Muerte en Venecia de Thomas Mann y detrás de su voz, como en el film de Visconti, se escucha la Quinta Sinfonía de Mahler, el espectador casi llega a respirar la plaga en el aire de La Habana.

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La exposición Killing Time, que reúne 80 pintores cubanos en la galería Exit Art de Manhattan, capta otro ángulo de la actual paradoja del tiempo insular. En la poética de esa muestra se siente una nostalgia no ligada, como se ha dicho, a la añoranza de los 80, en tanto última experiencia de vanguardismo radical en la plástica cubana, sino a la pérdida o frustración del sentido comunitario de aquel arte por la simbiosis de mercado e ideología que sobrevino después. En aquella década, como han estudiado Gerardo Mosquera e Iván de la Nuez, el arte cubano salió de la pintura y buscó la calle. Pero justo ahí, donde procuraba al ciudadano, encontró la resistencia, a veces sutil y a veces despiadada, de la burocracia y la policía.

La memorialización del arte de los 80, emblemáticamente practicada en la cronología hemerográfica y documental de Glexis Novoa, supone la cancelación de ese tiempo como “oportunidad perdida” o como frustración histórica. De ahí que recuperar aquellos años, a través de una política de la memoria, sea, también, matarlos, incorporarlos a un archivo cultural que ofrece pocas posibilidades de reproducción artística en el presente. En buena medida, el gesto arqueológico de mirar atrás, de archivar aquella experiencia afirma el lugar del ahora, del tiempo muerto, como una dimensión segura, libre de los peligros de esa década en que el tiempo estaba vivo. En la Habana de los 80, el arte fue intensamente político porque los artistas creían que podían y debían intervenir en la constitución de los sujetos de un cambio.

Tan sólo habría que recordar, como se hizo en una mesa integrada por Glexis Novoa, Elvis Fuentes, Rubén Torres Llorca, César Trasobares, Rafael López Ramos y un miembro del grupo Enema, seguida de los performances de Fernando García, Alonso Mateo, Maritza Molina, Juan-Si González, Alejandro López y El Soca & Fabián, que la neutralización de aquel movimiento no sólo recurrió al éxodo, apadrinado o no, ni a un mercado estatalmente inducido, sino a la cruda criminalización del hecho estético en casos como los de Ángel Delgado, Jorge Crespo o Marco Antonio Abad, quienes pasaron temporadas en prisión por producir un arte público.

En algún momento de aquella mesa, el artista Rubén Torres Llorca se levantó y, con gesto profesoral, distribuyó entre el público un volante en el que se lee: “Cuba no será libre mientras quede un cubano vivo”. ¿A qué muerte se refiere Torres Llorca? Se trata, por supuesto, de la muerte de Fidel, pero también de la muerte de una comunidad engendrada por el paso de Fidel en la historia. La frase “un cubano vivo” significa uno y muchos a la vez. Un individuo y una comunidad que no abarcan todos los cubanos, incluidos los de ayer y los de mañana, pero sí aquellos moldeados por el orden revolucionario y que no pueden, siquiera, vislumbrar la existencia de Cuba antes y después del caudillo y su régimen.

La muerte de esa comunidad sería el fin del tiempo muerto de la nación cubana: una solución biológica, no sólo para una dictadura, sino para todo un grupo humano, si es que ese grupo desea organizarse desde los patrones institucionales, no digo de una nación, sino de cualquier civilización moderna.

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El “espíritu del momento” en la cultura cubana impone la muerte como categoría política. Pero, ¿es la muerte una noción política? En su libro Categorías de lo impolítico, el filósofo napolitano Roberto Esposito, a partir de un conocido texto de Mann, sostiene otra cosa. Cuando la política se vuelve escatología y se identifica con dimensiones ajenas a la presencia vital, como el silencio, la ascesis, el exilio o la muerte, surge entonces, no la “antipolítica”, que es política mal practicada, o la “apolítica”, que es la utopía del neutral, sino la “impolítica”, el reino de la ausencia, el funcionamiento público de una comunidad que no puede ser representada. Cuba hoy vendría siendo eso: una comunidad indecible, irrepresentable e inconfesable, a la espera de su desintegración final, de su parálisis, de su nada.

Quienes todavía tienen fe en la nación cubana y en la posibilidad de su democratización deberán movilizar legiones espirituales contra la impolítica de la muerte. Sólo que esas resistencias, si quieren ser eficaces, tendrán que eludir la tentación teológica, contra la que advierte Esposito y antes advirtió Benjamin en su Fragmento teológico político. Fue una religión secular, en sus variantes nacionalista y comunista, la que nos llevó a la dislocación temporal que vivimos hoy. El fin del actual tiempo muerto no debería, entonces, significar la revelación de ningún “misterio de la isla” o la “buena nueva” de algún renacimiento nacional. Las naciones sólo nacen una vez, cívicamente, como nació Cuba el 20 de mayo de 1902. Cuando renacen, ideológicamente, como en enero del 59, terminan por diseminarse junto con el régimen que las refundó y asimiló.

No quiero decir, por supuesto, que no haya futuro para Cuba y los cubanos después de Fidel la Revolución. Hubo una República en el pasado de ambos y puede haber una democracia en el futuro de todos. Sólo sugiero que la política de ese porvenir comience a ser pensada de modo radicalmente distinto a como se hizo en la República y en la Revolución, abandonando cualquier representación de la comunidad que espiritualice el cuerpo de la ciudadanía. La comunidad que en la isla y en el exilio busca una nueva política, ajena a la racionalidad del orden totalitario, no debe ser imaginada como un sujeto deseoso de ser representado ideológicamente o como una presencia que debe ser dotada de sentidos morales. Por ahora, esa comunidad vive el momento de la muerte. Después, habrá tiempo para descifrar sus pulsiones y testimonios.

Rafael Rojas
Nueva York

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37 respuestas
Comentarios

  • Anónimo dice:

    Esa imagen de la pionera con orejeras de caballo…es una cosa tan mala…que da vergüenza ajena. Por qué le hacen eso al arte cubano?

  • Anonymous dice:

    bajeza

  • Anonymous dice:

    Déjalo Rojas. Tú eres muy bueno, pero en arte no cuela tu predeterminación de los acontecimientos, ese estilo de querer encajarlo todo en una teoría previa. Eso es prejuicio. Además, amigo, te conocemos. Se te ve que te has metido en esto para ligar con la niña del performance (así vestidita de pionerita). Sigue por ahí. Fui a la exposición y es mala. Realmente antigua, fuera de tiempo y de contexto, las obras dicen muy poco. Y de los tres curadores no se sabe cual es más primitivo.

  • Anonymous dice:

    De nuevo, como en la Habana, la “criminalización del arte”, como dice Rojas. No hay arte, hay política o ideología y el artista es reducido a “policía” o a “mártir”, a “teniente” o a “víctima”. ¿Realmente es así?

  • Anonymous dice:

    Pero claro, todo es muy evidente desde el principio, por favor y el teque del colorao es parte de la jugada tambien. No sigamos siendo tan ingenuos. Cada cual es libre de colocarse en la posicion que le plazca y de defender la tendencia o el compromiso que le acomode pero tambien existe el derecho de usar cualquier recurso contra los farsantes que no hacen mas que perpetuar el statu quo, que es bien jodido para muchos y muy comodo para esos pocos. Lo de Killing Time es un episodio vergonzoso de manipulacion de tontos utiles, donde lo menos importante fueron las artes visuales cubanas, gracias a la socorrida teoria de lo festivo y la “jodedera”, que el propio teniente Novoa preconiza sin rubor alguno. Chicharito el de Sopeira diria: Da Aco, da aco.

  • Jose Antonio dice:

    Tomamos nota. Pero no es menos cierto, que con estos chivos hay que arrear.

  • Anonymous dice:

    Por lo visto aquí encuentro varios comentarios ingenuos, para los que obviamente no tienen acceso a cierta información me complace compartir de lo que yo conozco:

    Elvis Fuentes fue la mano derecha de Elmo Hernández durante más de una década y hoy mantiene vínculos directos con su base en California y Washington, dos sedes que representan el mercado y las transacciones relacionadas con el arte de la isla. Recientemente fue condecorado (en una ceremonia privada en New York), con la orden por la cultura nacional.

    Glexis Novoa, quien antes de salir de Cuba ya era teniente del ministerio del interior, trabajo para la corporación Gaviota desde Miami hasta el ano 2000; luego de la reestructuración del Cimex, tomo el mando de las oficinas del sur (con base en Atlanta), con la misión de reestructurar la diáspora de la plástica cubana para preparar una reserva de artistas que a su ver colaboren participando en diferentes eventos en la isla. Algo parecido al frustrado intento de Flavio Garciandia en la pasada bienal, quien fue saboteado por el propio Glexis por cuestiones personales. Se espera que el teniente Novoa tenga una activa participación en la próxima bienal de La Habana.

    Yunieski Villalonga es una asalariada del departamento de América Latina de la oficina de intereses Americana en la Habana, quien cumple discretamente como doble agente de las artes, manteniéndose activa en misiones “alternativas” dentro de la isla, para controlar posibles “desordenes” en la esfera de la plástica.

    Obviamente debo mantener mi identidad incógnita, solo trato de ayudar a algunos “desorientados” que en fin de cuentas se dejan llevar por lo que se ve en la superficie.

    Un retirado.

  • Anonymous dice:

    Como dice Rojas, ninguna nación renace. La Francia moderna nació en 1789 y los Estados Unidos en 1776 y ahí están. Cuba existía como nación antes de 1959, pero el “renacimiento” de aquel año mira lo que provocó.

  • La Mano Poderosa dice:

    By the way, I also believe that also to be a factual statement. Perhaps the Island has to disappear, in order to be reborn.

  • La Mano Poderosa dice:

    Lo que dice Torres Llorca, ya se ha dicho por mas de una generacion. Me imagino que el se incluye en las que tienen que morrir, no?

  • Anonymous dice:

    Lo que dice Torres Llorca es cierto. Para que Cuba sea libre tendrán que morir varias generaciones de cubanos. Con los que hay no se hace una democracia

  • celedonio dice:

    Bueno, no es por meterme, pero “emergente” se le dice también al pitcher no abridor, además del bateador emergente, claro.
    Por lo demás, lo de Rojas me ha gustado aunque tiene frases demasiado enrevesadas.

  • Jose Antonio dice:

    La envidia sana es constructiva, pero la envidia maligna, eso, maldice el campo en que prolifera. Asi, como la yerba mala.
    En Columbia, el otono pasado, asisti a su conferencia, donde aprendi demasiado de ese espacio literario cubano, ausente de mi vida.
    Entonces, cito a Esposito y su concepcion de la impolitica. Me motivo a leerlo. Rafael Rojas es sencillamente genial.
    En una noche de tequilas y ron, todos decimos cualquier cosa. Cualquier cosa que solo anotaria en su memoria, quien sea incapaz de no ver el bosque desde las alturas.

  • Anonymous dice:

    Perdon, querido Krasnii, el de la vista larga es el tocayo del carnicero asmatico. A veces les confundo.
    Confucio

  • Anonymous dice:

    Admirado Rojas: Debes tener mas vista que el telescopio Hubble para poder ver gracia en algo dicho por Torres Llorca.
    Astronomo

  • Anonymous dice:

    No comas tanta p…, Cardenal.
    Nioclas Guillen

  • Anonymous dice:

    Citas, citas. No le entra a la critica de artes visuales ni acompanado. Vaya clasico!

  • Anonymous dice:

    Rojas es un clasico? Clasico farsante!

  • Anonymous dice:

    Vehemente defensor del Cardenal de las 2:24: De los dos deportes que mencionas, debes practicar el de la envidia, porque en pelota estas muy jodido. No existe pitcher emergente. Emergente puede ser un bateador.
    Le Duc

  • Anonymous dice:

    “Cuba hoy vendría siendo eso: una comunidad indecible, irrepresentable e inconfesable, a la espera de su desintegración final, de su parálisis, de su nada.”

  • Anonymous dice:

    Capítulos 2 y 3 no es más que bodrio intelectual, aunque bien escrito, bodrio en fin.

    “La alta moralización que padece la política cubana –fácilmente legible en la mezquindad electrónica que la glosa”

    WOW. ñooo! Como le gusta al colorado recrearse en insulsas frases!

    Por qué no habrá dejado su análisis en le contexto de la Muerte del Patriarca?

  • Anonymous dice:

    No hay que exagerar, pero sabe escribir y sabe mezclar algunas lecturas nuevas

  • Anonymous dice:

    Lo mejor que he leído sobre el trauma del tiempo en la historia de Cuba.

  • Anonymous dice:

    JR,ya te compro una pistola,para que acbes de matar a fidel castro,y no tengamos que cultivar
    con estoicismo la espera,al contrario tenemos que cultivar con estoicismo la rebeldia contra lo caduco…no me gusto tu respuesta.

    NINA HAGUEN

  • jr dice:

    Muy bien, Rafael, ya desde Tumiami anunciaba la espera a esta reflexión. No se por qué a medida que te iba leyendo retomaba algunas ideas del ensayo que sobre el pintor Humberto Calzada había horneado recientemente, Poética del Tiempo Inmóvil. Acopio las palabras que dejan un saldo acibarado: asfixia, colapso, vacío, ingrávido, agonía, agujero negro, tiempo sin ser, muerte sin fin, Apocalipsis, plaga, epidemia, cancelación y muerte en más de una docena de variantes. Cronos sin posibilidad de hibernación, comático, mortecino. Y, sin embargo, pienso que apenas somos un pueblo púber, una tribu que se recuperará para volver a disfuncionar y entonces regenerar nuevamente. Inmersos en uno de esos ciclos es muy díficil contrastar los signos temporales, hay que cultivar con estoicismo el arte de la espera y eso sí, en eso me articulo a tu desasosiego, evitar las utopias. Felicidades por tu escrito y un gran abrazo.

    Jesús Rosado

  • Anonymous dice:

    Killing Time
    Killing Fidel
    Killing Cuba
    Killing el granma
    Killing la Censura
    killing La Represion

    NINA HAGEN

  • Anonymous dice:

    AT, no te pongas celoso! El machete es un arma noble, no abusiva.

  • Anonymous dice:

    Demasiado regodeo en la ideologia y la politica de la cultura cubana.
    Como dice Rojas……basta Ya.
    Estoy de acuerdo con Rojas,Good!!!

    Nina Haguen

  • Anonymous dice:

    El texto de Rafael Rojas es GENIALLLLLLLLLLLLLLLLLLLLL

    Vizcaino

  • Anonymous dice:

    Rafa: Bienvenido a la blogosfera. No podias escoger mejor blogoespacio!
    AT

  • Anonymous dice:

    Que bueno Rafa que animes a particiar en la blogosfera, lo que mejora tu imagen otorgandote una
    ligereza necesaria, vamos, una imagen menos encartonada que la de los rigurosos academicos, estudiosos, menos academica. EC

  • Anonymous dice:

    Si tan mal te caía el Rojitas, ¿por qué te fuiste a su departamento a tomarle el ron? Rojas es un clásico, aunque le disguste a mucha gente. La envidia, y no la pelota, como se sabe, es el deporte nacional. Tú seguro que eres uno de esos cargabates intelectuales que encontró esta tarde el terreno para pitchear de emergente. Y todas esas cosas personales no tienen nada que ver con este excelente artículo del cual no dices una sola palabra. Por lo demás, no me imagino a RR diciendo que quiere ser Fidel, no seas ridículo.

  • Anonymous dice:

    …Quienes todavía tienen fe en la nación cubana y en la posibilidad de su democratización deberán movilizar legiones espirituales contra la impolítica de la muerte. Sólo que esas resistencias, si quieren ser eficaces, tendrán que eludir la tentación teológica…

    entonces si “impolitca” significa “el reino de la ausencia” – estas hecho todo un renacentista. Leo mas despues y entiendo mas despues. Que estes bien.

    Mil Millas

  • Anonymous dice:

    Esta muela no hay quien se la dispare. Este hijo de papa debe ir a meter su citatorio a otra parte. Su bermejo apellido de banderas sovieticas da asco y ojeriza antes de verlo en persona, con su mirada glauca de lagarto y su sonrisa de Cardenal Ortega. En Mexico, Distrito Federal, en la colonia Del Valle, tal vez en la calle de Heriberto Frias, una madrugada tequilera y moteada nos llevo en pandilla a su apartamento a tomarle el ron. El Cardenal Punzo dicto una frase mesianica a los trastabillantes noinvitados, sentados en el suelo ante la furnitura critica del piso:
    Yo soy el Fidel del 92, mi mision es preparar ahora un nuevo yate Granma. Venid a mi, que soy el elegido.
    Para nosotros se mato solito como Chacumbele desde entonces. Les recomiendo, cubanos, que no le crean nada y se busquen otro guru, si es que lo necesitan. Se preven clarito nuestros sufrimientos manana en la Republica que estos vacilofilos desean y procuran. Son bastantes y seguiran jodiendo, usurpando, sin pinchar. Para colmo, de arte no sabe un carajo.

    Gossip Mandelstahm, Estaca Bron, machetico, cualquiera.

  • Anonymous dice:

    bla bla bla bla

  • Anonymous dice:

    Chapeau!

  • La Mano Poderosa dice:

    Rafael, cuando el muerto ya apesta es hora de enterrarlo, boca abajo, para que no pierda su camino.