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Misha en La Habana

  • Mar 30, 200718:23h
  • 8 comentarios

“Plantéo que podría tener una breve conversación con la prensa sin que estuviera la televisión, como una especie de reunión sin jerarquías”, me dicen desde La Habana. El viajero “incógnito” ya no lo es. No sé si Baryshnikov leerá español, pero me gustaría saber qué piensa de la forma en que su excepcional carrera en EE. UU. ha sido resumida por Granma: “residente durante los últimos tres decenios en Norteamérica”. ¡Él, que encarna como pocos el American dream! En materia de ballet, este “sueño” sólo tiene comparación con el de George Balanchine, otro ruso, el creador del ballet norteamericano. Una crítica de danza estadounidense lo resumió así: “La historia del más grande bailarín del siglo XX resulta ser una vieja historia americana: pérdida, inmigración, asimilación. Nuestra ganancia”.

¡Y qué decir del apunte granmesco: “con el Kírov se dió a conocer al mundo”! Aunque Baryshnikov era la estrella del Ballet Kírov antes de su espectacular escapada en 1974, cuando los coreógrafos occidentales pedían trabajar con él, los comisarios culturales respondían que estaba enfermo o muy ocupado. Su primer triunfo en Occidente fue en Londres, en 1970. Tras lo cual comenzaron los primeros signos del rechazo oficial. A Misha le gustaba demasiado la ropa de “afuera”. Su correo era censurado. También en 1970 murió su mentor, el gran maestro de San Petersburgo, Alexander Pushkin. Sin esta protección, los agentes del KGB colocaron al joven Baryshnikov en la lista de los potenciales “riesgos de defección”. Aún así, se le permitió la gira a Canadá. En Toronto, esperó hasta la última función, un Don Quijote, para, al final, en vez de regresar con la compañía, correr en dirección opuesta. Los hombres de la KGB lo persiguieron, pero el ágil Baryshnikov les ganó la carrera. La historia tiene hasta su película, White Nights.

Con tales precedentes, al bailarín no habrá que explicarle las manipulaciones de Granma. Y además, Misha está en La Habana por su propia voluntad. Un símbolo político como él —lo quiera o no—, ha llegado al país del que los bailarines se escapan como él mismo lo hiciera, o más discretamente, en busca de una vida decente en tanto artistas.

Se ha escrito que “Baryshnikov representa el vuelo de la libertad, tanto personal como artística”. Qué duda cabe. Por eso cuesta entender este viaje semisecreto a La Habana. Debe haber, sin duda, razones profesionales. En el mundo del ballet, absorto en sus entelequias, tales razones pasan con frecuencia por encima de las simbologías políticas. ¡Primero, nuestra quinta posición perfecta! Pero la huída de Baryshnikov fue también una huída en busca de la perfección de su arte. “Tuvimos —dijo en mayo de 1975 a Time refiriéndose a Nureyev y a Natalia Makarova— que venir a América porque los estándares técnicos son aquí los más altos”.

También insistió en que su defección no era “política”: “Si tan sólo me hubiesen permitido bailar con compañías occidentales; si hubiesen invitado a coreógrafos extranjeros a hacer ballets para nosotros…” Maneras de decir lo mismo: ausencia de libertad. Los bailarines, rusos en el pasado o cubanos hoy, no se escapan porque les “prometen el sol” sino tan sólo un mínimo de libertad.

A lo mejor esta visita a La Habana acaba siendo beneficiosa. Los bailarines que encontrará, en ciernes o ya formados, pueden inspirarse en su ejemplo disidente. Entre libertad artística y libertad, la distancia es incluso menor que un grand-jeté.

Isis Wirth
Munich

Foto: Richard Avedon.

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8 respuestas
Comentarios

  • Anonymous dice:

    caca todo lo que dice la wirthona

  • isis Wirth dice:

    Perdón, quise decir “narcisismo”.

  • Isis Wirth dice:

    El padre de Baryshnikov era un oficial del ejército. Sí, Anónimo, su padre hubiese estado orgulloso. Cierto, distinguida Mano poderosa, que Balanchine estaba bajo la supervisión de la KGB. Se moría de pánico cuando le plantearon en los EE.UU que debía participar con su companía, el New York City Ballet, el orgullo de América, en una gira -de “propaganda” y “buenas relaciones”- en la URSS. Pese a su pasaporte americano y a que enarboló alto y claro mientras estuvo en el Imperio del mal, que él no era ruso sino americano, pensaba en todo momento que lo iban a secuestrar. Razón no le faltaba.
    La verdadera causa de la defección de Nureyev fue que el KGB le tendió una trampa en esa famosa gira a París. Como era un indeseable debido a su carácter rebelde, le pusieron como companero de cuarto a un bailarín cuyas ofertas no pudo rechazar. Nureyev comprendió la trampa después de haberse comido el dulce; sabía que el delito de homosexualidad era condenado por medio del envío a Siberia. Prefirió París a ésta.
    El resto de su vida -hasta que vino la perestroiska- , Nureyev, pese a su fama, vivió permanentemente bajo el miedo de ser secuestrado e incluso asesinado por la KGB. Su abstención de referirse a temas políticos se debía a que no quería provocar a la KGB. Y aún así, sabía que no lo perdonaban. Bien al contrario.
    Acaso no dudo que Nureyev, como ahora Baryshnikov, hubiese ido a Cuba si la muerte no se le hubiese adelantado. Ya había bailado con Alicia Alonso en Palma de Mallorca. Por qué no una función en el Gran Teatro? Pero a Nureyev había que pagarle muy bien…
    Sí, es muy triste e hipócrita. El punto que menciona de la “egocentric potion” es la clave, en mi opinión. Los bailarines desarrollan, desde muy ninos, por las necesidades de su profesión, un narcisimo físico de tal grado que psicológicamente se traduce en un egocentrismo donde solo tienen cabida ellos mismos, without regard to anything else.

  • La Mano Poderosa dice:

    Point of fact, Balanchine was under the watchful suspicion of the KGB after Nureyev defected. In the USSR it was forbidden to speak of Nureyev, his talent or achievements, all was officially silenced, as is the current practice in Cuba for anyone that acts or speaks out against the regime. When “Misha” defected, even though his family was of the official order, he followed Balanchines secret advise toward leaving “The State” and seeking his fortune, as Nureyev had done. Misha was able to advance and benefit through the American Ballet Theatre, and further enhanced his artistic and financial gains.
    Ahora, ya de viejo, y su fisico traicionado por las demendas de su profesion, tiene que seguir sonando su nombre, al igual que Nureyev, pero politicamente y eticamente peor.
    Even though Misha’s training started at 6 years of age, his “soviet religion” is well affixed. I personally find it very sad and hypocritical that he would placate to a vile system similiar to which he “defected” from, in order to fill his empty cup with his egocentric potion, without regard to a population imprisoned in a caribbean gulag.

  • Anonymous dice:

    His father would be so proud of Misha! So why was it he defected for anyway?

  • Anonymous dice:

    ¡qué comentario tan especulativo! no dice nada.

  • Anonymous dice:

    Bravaaaa! Assoluta!!