- mar 03, 2007 • 22:52h
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Erne:
Aquí te mando las preguntas que me mandó María Luisa y las respuestas que yo le envié, de las que publicaron muy poco.
Además de mantenerme en la codirección de Encuentro me dice “narrador”, cuando yo no he escrito una novela o un cuento ni creo que pueda hacerlo nunca.
Un abrazo,
Rafa.
PREGUNTAS DE MARÍA LUISA BLANCO
Babelia: ¿Por qué vive fuera de Cuba?
Rojas: Vivo fuera de Cuba porque rechazo el sistema político que funciona en la isla y que se basa en un partido único y dos gobernantes perpetuos. El exilio no me hace moralmente superior a quienes viven dentro y defienden o critican dicho sistema, pero tampoco me convierte en un “apátrida”, un “anticubano” o un “anexionista”, que son los términos con que me define el discurso oficial. Cargo, para bien o para mal, con toda mi cultura, la que se origina en el siglo XIX con Varela, Heredia, Casal, Villaverde, Varona y Martí y se consolida en el XX con Ortiz, Mañach, Carpentier, Lezama, Piñera, Diego y Vitier.
Babelia: ¿Cómo definiría el momento actual de la cultura cubana?
El momento actual podría ser, tal vez, la última posibilidad de la cultura cubana moderna para impulsar una democratización profunda de la isla, que preserve los mejores legados de la Revolución y el Exilio. La crítica a destiempo del período soviético o el inventario exhaustivo de los muertos pueden acabar en rituales perversos si no son inicio de algo impostergable: la libre circulación de los vivos. Dentro y fuera de Cuba se escribe buena literatura, pero ni en la isla ni en el exilio existe una esfera pública donde los escritores debatan sus diferencias con serenidad y respeto.
Babelia: ¿Es optimista o pesimista en cuanto al futuro de Cuba?
No logro entender a esos policías del desencanto que venden promesas a bajo precio. Jünger decía que nadie que posea un sentido profundo de la realidad puede ser optimista. La ausencia de libertades públicas en Cuba es crónica: cuestionar públicamente al jefe de Estado o a la ideología oficial es un delito, tipificado como “propaganda enemiga”. Las aperturas que, en efecto, se producen implican nuevos cierres porque un régimen como el cubano no puede prescindir de la figura del enemigo. Y en el terreno de la cultura, el enemigo es siempre el intelectual opositor o la publicación crítica: llámese Guillermo Cabrera Infante, Heberto Padilla, Reinaldo Arenas, Jesús Díaz, Raúl Rivero, María Elena Cruz Varela, Antonio José Ponte, Encuentro, Vitral, Diásporas o La Habana Elegante.
Babelia: ¿Por dónde podría comenzar el cambio, siendo realistas?
¿Es realista desear una transición soberana a la democracia que conceda derechos civiles y políticos a la ciudadanía de la isla? A mi juicio, sí. La Habana, sin embargo, parece interesada en otra cosa: una sucesión autoritaria en la que la “apertura cultural” se vuelva una ceremonia palaciega, que localice todo el expediente represivo en el pasado y garantice a las élites perpetuarse en el poder ¿Por dónde comenzar la democratización de la cultura? Con la autorización, por ejemplo, de la libre venta al público de la isla de los 42 números de la revista Encuentro de la cultura cubana, de los 26 volúmenes de la editorial Colibrí y de los últimos libros de Carlos Victoria, Juan Abreu, Eliseo Alberto, Zoé Valdés, Iván de la Nuez, Rolando Sánchez Mejías, José Manuel Prieto, José Kozer y Orlando González Esteva.




