En esta época de predominio editorial de la non-fiction es fácil encontrar en las librerías memorias de gente célebre. Clinton, García Márquez, Havel, Saramago, Fidel Castro y hasta Alfredo Guevara se han dejado seducir por el lucrativo ejercicio del recuerdo.
En este ambiente de prodigalidad, las memorias de Cintio Vitier sorprenden inicialmente por su escualidez. Después uno comprende que para algunas personas recordar puede ser una faena truculenta. La palabra amañada es la consecuencia natural del silencio sostenido.
Memorias y olvidos (Editorial Letras Cubanas,
De entrada, Vitier adelanta el presupuesto fisiológico de este trabajo: una pérdida creciente de la memoria factual, aunque no, asegura, de la memoria poética. De esa forma, entre corazonadas y lealtades ideológicas, construye un viaje desde la infancia hasta la defensa política de los “los Cinco”, el elogio de Chávez y la sintomatología antinorteamericana. A propósito, no está de más recordar que Vitier nació alguna vez en Key West.
La estación intermedia es su proceso de formación intelectual, poco diverso y excesivamente reverente. Más que endeudado, Vitier parece un prisionero de ciertos influjos: el catolicismo municipal, el roce con María Zambrano, el dictado de Juan Ramón Jiménez y el tutelaje de Lezama Lima. Cuenta también, por supuesto, la experiencia del castrismo: un proceso político que se le apareció como cristianizable después de trabajar varios años en
La mala influencia que el peor “senequismo” ha tenido en el pensamiento cubano (totalmente inmune al Emerson de José Martí, al Kant de José del Perojo e incluso al Marx del Departamento de Orientación Revolucionaria), se puede constatar en ese (extendido) hábito nacional de citar, a modo de indigestos moralismos, frases “filosóficas” de Ortega, Juan Ramón Jiménez y María Zambrano. Cuando en la página 5 Vitier descubre que puede escudarse en una sentencia, se deshace de inmediato de la responsabilidad de pensar y glosa acríticamente a la malagueña: “El ser se dice de muchas maneras”.
Sin embargo, el folleto logra insinuar lo que puede ser el lado oculto (y seductor) de Vitier: su enrevesada actitud ante las razas, las clases y el sexo.
Al vacío mitológico que esa generación consideró para la historia de Cuba, corresponde el vacío anecdótico de unas paradójicas biografías que aspiran a la santidad como programa de una pecaminosa soberbia moral.
En otras páginas Vitier reproduce una extensa carta del poeta exiliado Gastón Baquero. Hay al menos dos propósitos visibles en esa ofrenda documental: una meditación coral acerca de la esencia de la poesía y un ansia sincera por refrendar públicamente, aún a tiempo, lo que perece haber sido una gran amistad.
Protegida por los lemas políticos del momento, incluso al margen de los mismos, la memoria de Vitier se asoma a oscuridades que plantean la necesidad de reconsiderar esa pureza humilde que le falsea el vuelo.
En el momento del servicio político, un poeta puede llegar a mentir sin traicionar. La traición se comete no cuando el autor enajena el verso, sino cuando lo entrega como cola o incluso como cabeza de una causa. Es decir, cuando escribe una cosa como esta: “Fina y yo, por cierto, como Eliseo y Bella, estábamos, sin conocernos aún, en el mismo teatro recibiendo las mismas lecciones. Después, leyendo las colaboraciones cubanas de Juan Ramón, aprenderíamos mucho más: que la poesía pura (en cuanto aspira a la belleza, que se identifica con la justicia) es inmanente antiimperialista”.
Miami





Sobre Cintio Vitier en PD // Oct 2, 2009 at 13:23
[...] —Las memorias de Vitier, por Emilio Ichikawa. [...]
Emilio yo le doy un 100% en la forma que escribe y con el dominio del idioma me quedo pasmado, yo veia a Cintio y Fina esperar a las 5 de la tarde la guagua en la plaza para regresar a la Habana eran los tiempos desterrados en la Biblioteca Nacional, alli fue a parar, nunca pude creer como un poeta puede vender su alma, no creo que la robolucion les diese nada pues tenian una casa muy bonita en Santos Suarez creo que era antes de la Rev. Su hijo es un musico cubano que ha escrito cosas buenas, no creo que haya heredado la veta oportunista.