- ene 30, 2007 • 23:12h
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Hola Desiderio:
Para todos quienes han seguido el debate desde el primer momento de comenzar, que difundimos tus mensajes para que los conocieran más personas y que creen -como varios de los que escriben- que todos, independientemente de nuestra altura o jerarquía como intelectuales, debemos tener criterio y conocimiento de lo que ocurre ante nuestros ojos, resulta muy difícil aceptar que el final de este cuento se cocine a puertas cerradas y que nos conformemos con una versión editada (como siempre ha sucedido) de la realidad.
Después no se quejen si la gente es “masa”, si no saben identificar a los nuevos Pavones cuando los vean o si no conocen el aporte de los que se arriesgan para mover las cosas a favor del desarrollo de un pensamiento social avanzado que garantice el futuro. Me imagino que la idea no es tuya pero al igual que no aceptaste a Pavón en la TV, tampoco tendrías que ceder ahora a que te escojan el quórum.
Es una concesión que va contra lo que defiendes.
Betty
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Hola, Betty:
Una de las cosas más lamentables para mí en estos días ha sido ver cómo personas que han estado acríticamente calladas toda una vida en la esfera pública -en asamblea, en papel, en email-, luego de esperar cautelosamente una semana o dos para ver “qué me pasaba” luego de mi carta inicial de condena, y después de mi convocatoria al ciclo sobre temas tabú, se suman al debate sólo para cuestionarme por moderado, por no decir o hacer esto o aquello -siempre algo que ellos mismos nunca han dicho o hecho en la esfera pública cubana. Y no estoy hablando sólo de las jineteras políticas que, hoy en el exterior, jamás escribieron en Cuba siquiera una línea polémica como cualquiera de las de “In medias res publicas” (2001) o, décadas atrás, “La crítica literaria: también una cuestión moral” (1981), ni se ganaron una fama de “conflictivos” en cuanto congreso, asamblea o coloquio participaran de los 70 a hoy, pagando el consiguiente precio biográfico e intelectual. Usted me interpela con las siguientes palabras: “al igual que no aceptaste a Pavón en la TV, tampoco tendrías que ceder ahora a que te escojan el quórum”. No hay que ser un semiótico demasiado sagaz para ver la tendenciosa operación de elipsis que hay en esa frase: ¿quién es el sujeto de esa acción de “escoger”? ¿Quiénes son esos “ellos” que no nombras? Al no explicitarlos, creas lo que se llama un lugar de indeterminación, que puede ser llenado por el lector con sujetos como “los burócratas”, “el Poder”, “la piña”, “la élite”, “el aparato”, etc., en dependencia de las suspicacias o experiencias o expectativas de cada cual. O sea, una variante simétrica, sólo que de signo contrario, del tan criticado “Síndrome del Misterio”. No menos propio de la newspeak orwelliana resulta su uso de la implicitez: el verbo “ceder” tiene dos acepciones principales muy diferentes : una como verbo transitivo –”1. tr. Dar, transferir, traspasar a otro una cosa, acción o derecho”–, y otra como verbo intransitivo –”2. intr. Rendirse, sujetarse.” (D.R.A.E.). El verbo “ceder” en su forma transitiva es una acción que el sujeto puede realizar por su propia iniciativa y voluntad (como ceder el asiento a una embarazada en el ómnibus).
Sin embargo, usted utiliza el verbo en su forma intransitiva: “ceder a”, o sea, no ofrecer más resistencia a, someterse a la voluntad de, capitular, no resistir la presión, la fuerza de (como ceder a las amenazas de un agresor), implicando de contrabando que hay presiones de parte de un “ellos” nuevamente no explicitado.
Ahora bien, Betty, aunque no he “cedido a” que me “escojan el quórum”, en todo momento he dejado bien claro que sí he cedido el derecho de “escoger el quórum”. Como he explicado en mensajes ampliamente divulgados por email, luego de haber conseguido la Sala Che Guevara y cuadruplicado así la capacidad para el público, y de haber visto poco después que los interesados en asistir superaban esa capacidad, decidí que había que asegurarles la participación a los escritores, artistas e intelectuales cubanos en general, pero resultó que también el número de éstos que estaban interesados en asistir sobrepasaba enormente esa capacidad, y fue ahí cuando me negué a hacer el papel de zar omnipotente que decidiría unipersonalmente quién podría entrar y quién no, y pasé esa responsabilidad a -y he aquí explícitado, una vez más, el “ellos” del mensaje con que informé de mi decisión- al conjunto de las numerosas instituciones culturales de las que los escritores, artistas e intelectuales cubanos son miembros o trabajadores. Corresponde, pues, a estos últimos cuestionar o no cualquier decisión de los órganos que ellos mismos han elegido en las instituciones de las que ellos mismos han decidido formar parte voluntariamente, o incluso los criterios mismos para la toma de esas decisiones. Lo que, aun así, no dejé de hacer fue insistir en que no se permitiera que hubiera desvíos de invitaciones por favores de secretario(a)s o funcionario(a)s; en que no quedaran fuera de las listas personalidades culturales importantes, por el solo hecho de no tener cargos electivos en la UNEAC o en otra parte, y en que fueran tenidos en cuenta sobre todo los críticos e investigadores del sector cultural, que es el público natural y habitual de Criterios, centro/editorial teórico-cultural.
Estoy seguro de que si yo no hubiera procedido así, ahora me estuvieran lloviendo las indignadas cartas, no por haber hecho supuestas “concesiones”, sino por haber actuado de la misma manera autocrática y antidemocrática que he criticado en tales o cuales instituciones o instancias y a la que Usted también parece querer oponerse.
La insinuación, o más bien la acusación por adelantado de que los no asistentes recibirán “una versión editada (como siempre ha sucedido) de la realidad” es más que ofensiva, tratándose de Criterios, y no perderé el tiempo en responderla, pues a cualquier intelectual honesto, cubano o extranjero, que sepa de la labor de Desiderio Navarro y de Criterios durante 35 años, le resultará repugnante e inadmisible. Por no hablar de lo ofensiva que resultará para los propios conferenciantes. En cualquier caso, también usted -aunque no los ha solicitado como ya más de cuatrocientas personas- recibirá los textos de las conferencias, aunque sólo sea para que pueda escudriñarlos en busca de alguna descuidada huella de la goma y la tijera editoriales.
Desiderio Navarro





