- ene 29, 2007 • 22:23h
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Una invitación
Por Ismael de Diego
Yo nací en 1977 y en la versión de historia que recibí nunca apareció ni una referencia a estas personas. Me enteré bastante tarde de ese periodo oscuro de la parametración, y la palabra UMAP me sonaba a alguna sigla más del repertorio interminable. Nadie se encargó de enviarnos ni una advertencia acerca de la intolerancia institucional y mi generación corrió una suerte no muy distinta a la de la generación de los 70: mi generación y todas las que le siguieron. Ya no Pavón, ya no Quesada, quizás tenían otros nombres y trabajaban más a la sombra, o sencillamente ya no hizo falta seguir poniendo las escabrosas intenciones en boca de ningún mediocre y la intolerancia pasó a ser la política del Partido, de Fidel. Siempre me desconcertó el hecho de que muchos de esos jóvenes veinteañeros que bajaron a tiros de la Sierra Maestra con los pelos largos, llenos de collares, lentes oscuros y barbas prominentes gritando cosas acerca de la igualdad, la libertad, la tolerancia se convirtieran en unos represores de carrera.
Me pregunto cómo fue el cambio, ¿nadie se dio cuenta?, ¿no era ésa una traición imperdonable a la confianza que se les había dado, a todo el apoyo?, ¿no eran ellos unos traidores y por tanto enemigos de la revolución ? ¿o es que la revolución ya no era la misma ? No, no lo era. Cuando vi en el documental Seres extravagantes de Manuel Zayas el discurso de Fidel donde declara abiertamente la persecución de todo aquel que no se ajustara a sus parámetros de “persona normal”, de revolucionario, me pregunté cómo era eso posible.
La postura nunca se corrigió, nunca se revindicaron todas esas vidas hechas polvo por la estupidez, no pasó nada, ni siquiera se pidió perdón. Y la parametración siguió aquí entre nosotros, con otro nombre, con otras caras, con otras excusas, la cultura de la exclusión se perpetuó y se aceptó. Cuántas cosas nos permite un carnet de la UNEAC o del MINCULT, del ICAIC o la UPEC, cuántos privilegios que se le niega al resto de los cubanos. El sistema institucional certifica o desacredita a placer, sin posibilidad de reclamo, lo que le conviene y perpetúa la postura de “tú sí”, “tú no”.
Así que viendo la indignación que los ha llevados a manifestarse por escrito en contra de aquella injusticia, los exhorto a pronunciarse en contra de esta otra injusticia, más actual y vigente, pero esta vez con actos. Los invito a renunciar a sus estatus como artistas evaluados e intelectuales, escritores e investigadores asociados; los invito a entregar sus membresías y renunciar a todas esas instituciones excluyentes y selectivas que todavía hacen estragos en nuestra cultura, negando la espontaneidad y escogiendo lo mas políticamente correcto como estandarte de nuestra identidad cultural para dejar claro, de una vez, que esos no son derechos exclusivos de los revolucionarios sino de los seres humanos.
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Es irreversible la política cultural de la Revolución
Por Pedro Campos Santos
La Revolución y su movimiento cultural salen fortalecidos de este debate provocado por programas televisivos en cuya gestación se habían “cometido graves errores”.
Ciertamente la cohesión de las fuerzas revolucionarias, pudo haber sido afectada, de no enfrentarse a tiempo. Es también una derrota de los enemigos históricos que trataron de utilizar este incidente.
Esa cohesión, se ha dicho, es uno de los pilares garantes de todos los triunfos revolucionarios, cuidarla y preservarla es tareas de todos. Por ello es necesario que tales desvaríos no se repitan en ese, ni en otros ámbitos. Las medidas de fondo que lo garanticen siguen pendientes. Este incidente ha recibido respuesta, otras preocupaciones han quedado en el aire, como esa insistencia en identificar a la indisciplina laboral de lo trabajadores como la causa principal del desastre existente, o la persistente ignorancia de la demanda de la militancia para celebrar el VI Congreso del Partido.
En realidad el debate Pavón, es parte inseparable de otra discusión más general que no debe seguir siendo postergada, la cual tiene lugar en todas partes en Cuba, en todos los hogares, centros de trabajo, parques y que se refiere al futuro del país: ¿Qué nuevo vamos a hacer para responder a las interrogantes del discurso de Fidel en noviembre del 2005, cuando habló de la reversibilidad de la Revolución?
A esta pregunta, la enfermedad de Fidel ha agregado otras ¿Hacia dónde vamos, ya con el Jefe enfermo y probablemente fuera de la dirección? ¿El nuevo camino es compartido, o se intentará imponer? ¿Cuál socialismo? ¿Cuál democracia? ¿Se habrán dado cuenta que seguir con más de lo mismo, nos lleva a la autodestrucción presagiada por Fidel?
Un año y meses después de aquel histórico discurso de Fidel, y luego de la celebración de importantes eventos como el XIX Congreso de la CTC, el VII de la FEU y el 8vo Periodo de Sesiones de la Asamblea del Poder Popular, los problemas no se han resuelto, siguen sin abordarse sus causas profundas y sin tomarse las medidas necesarias.
La política cultural de la Revolución no es un ente independiente de ella, sino que está indisolublemente ligada a su historia y su futuro. La irreversibilidad de la Revolución es lo que haría irreversible su política cultural.
El pueblo de Cuba, los trabajadores, la intelectualidad, necesita estas respuestas y pasos concretos hacia la solución de los más perentorios problemas que afronta la sociedad cubana, más relacionados con enfoques políticos sobre las formas en que debe funcionar la sociedad y la economía, que con la escasez de índole material.
La enfermedad del Comandante en Jefe, el período que estamos atravesando, es un momento oportuno para los intentos tradicionales enemigos de sembrar la división y trabajar por los fines de destruir la Revolución y el Socialismo y restaurar el capitalismo, y con él la anexión. Los errores ahora se pueden pagar muy caros.
Raúl ha llamado al debate, a la discrepancia, también sabemos que ya lo había hecho cuando el IV Congreso. En 1991 el socialismo mundial se desmoronaba, el aislamiento internacional de Cuba aumentaba, nuestra retaguardia económica se perdía y todo aquello aconsejó a la dirección, la postergación en la renovación socialista que las bases del Partido demandaban. El llamado de Fidel no ha tenido una clara respuesta. ¿Ocurrirá lo mismo con este de Raúl?
Hoy la situación en Cuba y el mundo es otra. El que está en crisis ahora es el Imperialismo con su estancamiento en Irak, mientras que en América Latina se impone una izquierda revolucionaria que avanza hacia un nuevo tipo de socialismo, aliada de la Revolución Cubana, retaguardia y garantía que no teníamos antes. No existe condición alguna que aconseje –ahora– evitar el avance de lo criterios renovadores que se manejaron cuando el IV Congreso.
La gente se pregunta en qué dirección vamos, si seguiremos con más de lo mismo, si vamos hacia más estatismo, centrismo y autoritarismo, o en la natural y necesaria tendencia contraria, hacia una dirección mas colectiva, que tenga más en cuenta las opiniones de las bases, hacia un socialismo más participativo, más democrático, más inclusivo, autogestionario. En este sentido, son necesarias definiciones concretas.
La verdadera cohesión en torno al proyecto revolucionario socialista y martiano, se garantiza estableciendo claros fines y medios que sean compartidos concientemente por las grandes mayorías.
Ninguna discusión tipo glassnot que cuestione la historia de la Revolución, debe tener la más mínima oportunidad, pero se hace imprescindible la discusión democrática y colectiva que debe asumir el impostergable VI Congreso del Partido, a fin de establecer -entre todos- las líneas generales para el futuro, evitar este de tipo incidente se repita y garantizar la cohesión en torno al programa de la Revolución en las nuevas condiciones.
Desde luego que en esta convocatoria ningún papel juegan los enemigos históricos de la Revolución y el Socialismo, que desean su destrucción.
Para que la política cultural sea verdaderamente irreversible, hay que garantizar la irreversibilidad de la Revolución y el Socialismo.
La Habana, 18 de enero del 2007.
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ACERCA DE LA “DECLARACIÓN DEL SECRETARIADO DE LA UNEAC”
Estimados Miembros del Secretariado de la UNEAC:
Esto parece haber perdido las puntas. Y yo ya no sé si es un ula-ula sucio que se autoimpulsa soberanamente, y cuyo detenimiento depende de tu cansancio en el juego más que de la existencia de una estación terminal en la cual puedes bajarte.
En la reunión que tuvieron con nosotros aquí en Ciego de Ávila el pasado día 17 se nos leyó por Fernando Rojas el borrador de esta declaración. No era una lectura para opinar sobre ella, ni para corregirla. Luego de casi tres horas de intercambio aquel parecía ser un cierre victorioso: la UNEAC había tomado cartas y se haría pública su posición.
Ahora que recibo este texto, que lo leo con detenimiento, que lo observo con la exigencia con que uno debe asumir un texto oficial de su organización ante un asunto tan delicado, solo he renovado y enriquecido mi convicción de que “el efecto pavón” sigue vivo y coleando. Eso del debate “entre revolucionarios” y que la política “cultural ha garantizado y garantiza nuestra unidad”, tiene un color gris.
¿Qué hemos avanzado? ¿Quién ha dicho que el debate tiene que ser entre revolucionarios? ¿Los que no lo son, y que necesariamente no tienen que ser “contrarrevolucionarios encarcelables”, están excluidos?… ¿Qué documento legal autoriza esa discriminación “ideológica”, esa privación de un derecho ciudadano de polemizar sobre lo que ocurre en su país?
Eso de relacionar a la cultura con la unidad, saltándose otras cosas que tiene que asegurar primeramente una política cultural: libertad creadora, de pensamiento, democracia cultural, derecho a la diversidad, es como una señal casi pavoniana. ¿No era en aras de la unidad que se prohibían el jazz y los Beatles?
Como si esto no bastara hay dos pifias al final, esas que solo se producen cuando se quiere, más que informar, hacer consigna. Se reafirma una irreversibilidad tomando como fundamento las palabras de Fidel a los intelectuales. ¿Y el periodo gris no existió una década después, pese a la existencia de esas “Palabras a los intelectuales”? Sería bueno preguntarle a Pavón cómo cumplió él con celo (y cierto exceso) el paradigmático “contra la revolución nada”.
La otra es que la UNEAC hace una afirmación que excede su alcance, su autoridad, que no está en sus manos: La política cultural (…) es irreversible. ¿Construye y aprueba la UNEAC la política cultural? Si es así, ¿cómo fue posible el pavonato?… ¿Qué hizo ella en ese tiempo?… ¿No es algo desfasado llamar “irreversible” a la política cultural de una Revolución que hace dos años hizo público su propia “reversibilidad”?
Que un documento de la UNEAC no tenga el aliento de la UNEAC, parezca cualquier otro documento del estado, no se diferencie del que podrían emitir los CDR o la FMC, es como para seguir preocupados.
Un amigo mío me llamó hoy para que le explicara, le “tradujera” ese texto que había leído en el Granma y no le decía nada, solo le despertaba conjeturas. Tuve que hacer yo lo que no hizo el secretariado de la UNEAC. ¿Por qué ese rodeo, ese no hablar claro? Ya no nombres, el por qué del rechazo a esos programas, era mucho pedir. Ni siquiera se dijo la fecha de esos programas, para que un lector con buen olfato detectivesco y tiempo pudiera rearmar la historia.
Esa política de informar y no informar, de creer que si se dice una verdad se extiende el problema, de que la “masa” no tiene derecho a la información clara, me huele a brochazos de blanco y negro corridos hasta el siglo XXI, metidos en el paisaje actual. Que la gente reciba una nube gris en lugar de una información, que al final el pueblo se diga “oye, pasó algo grande, no sé qué será pero parece que fue algo con los artistas”, es un acto de irresponsabilidad informativa.
La UNEAC, por su prestigio, por lo que significa, es un modelo, sus pasos son señales de la salud intelectual, sus actos tienen una carga educativa. Los periodistas cubanos tendrán en este documento un ejemplo de lo que no se debe hacer, de lo que es sacrificar la profundidad en aras de “lo enérgico”, de cómo hacer malabares para no ofender ni a Dios ni al Diablo. Y claro, como es un documento infeliz, lo utilizará el “enemigo”.
La UNEAC habla de un problema, pero es que los mensajes que se habían cursado hasta ese momento contenían más problemas que el error del ICRT. ¿Cuál es la posición de la UNEAC al respecto? Al menos pudo decir que se prestaría atención a las inquietudes planteadas por los intelectuales, que se reconocían ciertas cosas, como la falta de espacios para la polémica.
Uno de esos mensajes iniciales, de Paquita Armas, uno de los ignorados, emplazaba directamente a la UNEAC: “Que este intercambio de ideas camine tan rápido hace evidente la necesidad de un espacio de diálogo entre los artistas cubanos. La UNEAC dejó de ser lo que era y ahora no hay un lugar donde decir lo que se piensa”.
La UNEAC debió decirlo, sí, porque ella es también responsable. Veamos algunos de esos documentos propios con los que la UNEAC no ha cumplido y por lo que debiera responder ante su membresía y el país en un momento como este:
Que esto aparezca así, en documentos rectores de la UNEAC, desde 1998, sin que la UNEAC haya encontrado las vías para hacerlo realidad, y no haya pasado nada, es como para una polémica nueva. Sería bueno que la UNEAC se mostrara al menos solidaria con aquellos que en sus mensajes, en sus reflexiones, no han hecho más que actuar en ese espíritu crítico y reflexivo.
La experiencia socialista ha demostrado que los problemas no resueltos hacen más daño que los problemas divulgados. Es en los primeros donde nos jugamos la vida. Si Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado, entonces hay que hacer práctica cotidiana el preguntarnos qué debemos cambiar. Esa es la función del debate, no debatir es no cambiar.
Sí, esto es una crítica a mi Secretariado, un acto que se ampara también en el Artículo 4 de mis estatutos. Y es mi voto personal contra ese documento que cierra incorrectamente las cortinas de un asunto mucho más complejo.
Saludos,
Félix Sánchez
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Bueno cabría preguntarse si también en provincias u otras regiones del país se abrirán locales indicados. ¿Y el pueblo tendrá también sus indicados espacios… o será a la inversa? ¿Qué es lo que tenían hasta este momento? ¿Estaremos reconociendo que ninguno de los sitios, parlamentos, centros de discusión, congresos, paneles, mesas o seminarios organizados por decenas de miles a lo largo de estos años, era el indicado? ¿Por qué debe existir un lugar indicado? Es que acaso el país se encaminará hacia la parametración… ¡oh, perdón!, compartimentación total de los espacios donde unos quedarán destinados a las reflexiones u opiniones y otros no lo serán.
Si tenemos la voluntad real de encauzar fructíferamente el extraordinario debate intelectual y cultural que ha tenido lugar por correos, en las recientes semanas porque no utilizar (entre otros) por ejemplo el espacio de la Mesa Redonda. Desde luego que lugar más indicado que este no existe. Es un espacio de la TV nacional, que cuenta con total apoyo institucional, que llega a todos los hogares por varios canales e incluso se retransmite más de una vez para los que no la pudieron apreciar en su emisión original. Sería además una excelente oportunidad para que este programa adquiera su verdadero sentido de ser, pues tras casi siete años de existencia permanente, han sido bochornosamente pocas, las emisiones que sus realizadores han destinado al debate profundo de los asuntos esenciales de la nación. ¿Debate dije?
Doctor Armando Hart, como usted sabe, la discusión de los problemas que afectan a nuestra Isla no le pertenecen en exclusiva al campo intelectual, ni a una élite, partido o casta social. Son de todos y sólo podrán resolverse con la participación responsable de TODOS LOS CUBANOS. ¡A ver si de una vez dejamos atrás ese sentimiento excluyente y sectario donde unos tienen todas las atribuciones y otros ninguna, alguien piensa y los otros ejecutan!
Desde un lugar indicado del Vedado.






Pedro Campos Santos es Licenciado en Historia y ex funcionario de Servicio Exterior. Frecuente colaborador de Rebelión, y otros medios afines. Presumiblemente, uno de los “encargados” de atender la polémica del Pavongate.
¿Ustedes saben quién es Pedro Campos?