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El viaje frustrado de Cintio Vitier

  • ene 12, 200721:37h
  • 2 comentarios

Septiembre de 1959 encuentra a Cintio Vitier dirigiendo el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad Central de Las Villas. Entre la correspondencia oficial que florece a la sombra de ese cargo despunta una carta-modelo a Eugenio Florit, con sello y estilo oficiales, a la cual el firmante agrega unas líneas cálidas y manuscritas, para agradecer una colaboración enviada a la Nueva Revista Cubana.

A diferencia de lo que sucede con Lezama, la relación entre Florit y Vitier fue siempre cordial desde aquellos días en que Vitier era “Cynthio”. En 1950, Florit escribió una elogiosa reseña de la polémica antología Diez poetas cubanos (en la que, sin embargo, hacía notar la ausencia de Samuel Feijoo) y años después venció ciertas reticencias y acabó colaborando varias veces con Orígenes.

No sorprende entonces que a mediados de 1961 Vitier revise el listín telefónico del exilio y acuda a Florit pidiéndole usar sus influencias universitarias en Nueva York para conseguir un curso que le permita residir temporalmente en Estados Unidos. La correspondencia entre Florit y las autoridades de Columbia Universityno deja lugar a dudas sobre la diligencia con que el primero se ocupó del pedido. Ya el 2 de julio de 1961, unos meses después de Playa Girón, Vitier agradece las gestiones de su amigo y le detalla las dificultades para obtener la visa norteamericana, que requiere de un viaje previo a México.

A la larga lista de trámites y el pedido de un adelanto en dólares que le permita comprar el pasaje de avión, le sigue la queja, apenas disimulada, del mal trance por el que está pasando: “Esto es, querido Florit, como decimos aquí, ‘el cuadro’. Lo que está dentro del cuadro ¿para qué describirlo?”.

Ese mismo mes sale de Cuba Carlos M. Luis con su esposa y sus dos hijos. Lleva en el bolsillo una carta de recomendación que Vitier le ha dado para el poeta de Park Avenue, la primera de muchas cartas y pedidos de ayuda que recibirá Florit a lo largo de los próximos 30 años.

El 7 de agosto de 1961 Vitier le escribe nuevamente a Florit desde el Hotel Coliseo, en el DF, mientras espera una carta para la Embajada de Estados Unidos en México y un contrato como profesor invitado en Columbia University. La carta lleva también una queja (“he llegado a esta ciudad sin un centavo”), la mención a la generosidad de otro exiliado (Alfredo Sánchez Veloso, ex dueño de las librerías Económica y Contemporánea, de las que todos los origenistas habían sido clientes habituales), el doloroso recordatorio de la lejanía de su familia y la solicitud de un anticipo de 600 dólares que lo ayude a salir de tan angustiosa situación.

El 16 de agosto, sin embargo, Vitier cancela de pronto su proyecto de estancia y escribe una carta de justificación a Florit que tiene, en mi opinión, una gran importancia documental:

“Estando ya en México —escribe Vitier— y después de escribirle al Sr. [Anthony] Tudisco y a usted, he sabido por varios conductos y he llegado al absoluto convencimiento de que, si hago efectiva mi aceptación, el retorno a Cuba es imposible mientras dure el régimen actual –y no hay elementos de juicio para suponer un rápido y decoroso fin de la tragedia cubana. Esto significaría desgarrar a parte de mi familia de su país por un tiempo indefinido, que bien podría ser toda la vida, a más de arriesgar a mi madre a perder lo poco que le queda, incluyendo la biblioteca de mi padre. Sé que miles de cubanos han aceptado este destino; yo no puedo resignarme a él, aunque la otra alternativa, se lo aseguro, no es menos terrible”.

La carta habla por sí sola. No debió llegar hasta nosotros, pues el propio Vitier pide a su amigo que la rompa después de leerla. Por suerte Florit desobedeció; tal vez prefería conservar un testimonio de sus buenos oficios. El epistolario y la amistad entre ambos poetas sobrevivió, sin embargo, a este viaje frustrado y generó varios poemas agradecidos de Fina y Cintio. En cartas posteriores las quejas de aislamiento por parte de la pareja origenista se prolongarán hasta mediados de los 60. Después de 1968 la correspondencia se va espaciando, a tono con la conversión revolucionaria del poeta católico.

Mucho han cambiado las posiciones políticas de Vitier desde entonces, pero no recuerdo ningún pasaje de sus memorias donde se mencionen los detalles de este viaje frustrado. Quede aquí constancia de que los hombres son tan cambiantes como sus circunstancias; de que el exiliado contra el que hablamos hoy fue el mismo que nos tendió la mano ayer; de que la tragedia cubana que entrevimos hace más de cuarenta años pudiera no haber terminado todavía.

Ernesto Hernández Busto
Barcelona

Todas las cartas citadas y reproducidas en este artículo pertenecen a la papelería inédita de Eugenio Florit, conservada por la Cuban Heritage Collection en la biblioteca Otto G. Richter de la University of Miami.

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2 respuestas
Comentarios

  • Anonymous dice:

    Excelente trabajo de investigación Ernesto. De verdad, al saber la forma en que metodológicamente consgues esto, me pregunto qué hacen realmente los historiadores profesionales. Creo que son vagos, o son tontos. Y muy buena la observación a las súplicas de Eliseo Alberto, que se ha convertido en una suerte de Pastor Felipe de la ideología cubana. Totalmente afectado y desatendible.
    EMILIO ICHIKAWA.

  • Anonymous dice:

    Tremendo trapo! A ver, jiribillos, cómanse esto con papas…