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La batalla de Chile

  • Oct 18, 200622:56h
  • 4 comentarios

Por más de treinta años, Chile ha sido un exitoso exportador de símbolos. Para la izquierda sudamericana, pero también para la europea, Chile es Allende, los Quilapayún, Violeta Parra, Neruda y Víctor Jara. Es la imagen de una democracia que fue castigada y asesinada por querer ser socialista. Son las gafas de sol de Pinochet, y el imperialismo norteamericano mostrando su peor rostro.

Para esa suerte de nueva izquierda latinoamericana dirigida por Chávez, el Chile de hoy es un problema. La patria de Allende y del dolor antiimperial está gobernada por una mujer socialista, víctima de la dictadura y con fuerte sensibilidad social, que dirige, sin embargo, una de la economías más abiertas del continente y del mundo.

La creciente —aunque muy desigual— prosperidad económica y la relativa paz social en que vive Chile son espinas clavadas en un discurso que intenta convencer de que los sudamericanos están por naturaleza destinados a ser excluidos de la modernidad económica y de que sólo gobiernos autoritarios y paternales pueden lograr la paz social. Lanzar jeremiadas contra el neoliberalismo siempre es más fácil si está representado por figuras tan esperpénticas como Fujimori, Menem y Collor de Melo. En manos de Lagos, y más aún de la Bachelet, el monstruo neoliberal ya no da tanto miedo, o da menos miedo que un exgolpista que se dedica a hacer exorcismo en plena Asamblea General de la ONU.

Es aún más molesto para la ideología chavista que sea el dolor de la represión pinochetista —además de un alto grado de preparación ideológica, ausente de la mayor parte de las izquierdas del continente—, lo que ha permitido en Chile una izquierda que detesta los fuegos artificiales simbólicos, porque sabe que están hechos con la misma pólvora que las balas.

Chávez sabe que su público fiel no le perdonaría que maltratara a una víctima de Pinochet y heredera de Allende. Sabe, al mismo tiempo, que en el escenario latinoamericano la experiencia chilena es un eterno desmentido a todos sus lemas y frases hechas. Quizás por eso el líder venezolano ha abrazado a la presidenta cada vez que ha podido, mientras apoya al mismo tiempo los embargos contra Chile de Evo Morales, o ha dejado que su embajador en Santiago haga imposible el deseo chileno de votar para que Venezuela entre al Consejo de Seguridad de la ONU.

A la larga, la posición de paria internacional, de Robin Hood petrolero, es la única que a Chávez le conviene. Ser una víctima incomprendida que impone y aplasta, pero que siempre a la postre se siente aplastada y condolida, con derecho a llorar y hacer llorar al mismo tiempo, ha sido parte de la estrategia del exmilitar para mantenerse en el poder.

Venezuela, con su petróleo, no necesita sentarse en ningún Consejo de Seguridad para ejercer su derecho a veto sobre la política internacional. Lo ideal sería ser excluido de este consejo por presiones norteamericanas y al mismo tiempo mostrarle a sus militantes y fans de todo el mundo que el Chile de Bachelet es otro cachorro del imperio, que Allende, Víctor Jara y Pablo Neruda ya no tienen nada que ver con el Chile actual, que él y sólo él es portador de las palmas del martirio, que él y sólo él es el representante de una izquierda que, en medio de la victoria, quiere ser amada y comprendida como sólo se ama y se comprende a los perdedores.

Las verdaderas contradicciones y dificultades del Chile actual —no pocas, por cierto—, son para Chávez y el chavismo difíciles de explotar sin mostrar sus propias contradicciones y dificultades. Chávez necesita hacer pensar a su pueblo, y a otros pueblos, que la lucha democrática, la vía legal, el concepto de una izquierda básicamente civil, termina fatalmente en el martirio de Allende. Necesita que pensemos que no hay otro camino que el suyo, y que el hecho de que este camino no lleve a ninguna parte es una garantía de autenticidad.

Necesita que Allende siga siendo un póster, para que nadie vea detrás de la foto a un presidente chileno que murió para evitar que un par de militares oportunistas —algo que Chávez fue alguna vez— se hicieran con el poder.

Rafael Gumucio
Santiago de Chile-Nueva York

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4 respuestas
Comentarios

  • esto es lo que llamo equilibrio. yo, retrovanguardista, marxista sci-fi, y neobudista hinduferente, no me quito el sombrero ante su claridad, inteligencia y buena escritura porque no tengo sombrero. pero ahí voy.

  • Anonymous dice:

    Allende no muriò peleando. Lo matò Tony De La Guardia, general de la inteligencia cubana.

  • Anonymous dice:

    Gumucio es una especie de periodista iconoclasta en Chile.

    Muy interesante su eterna posicion contestataria.

  • cubanerias dice:

    Muy buen artículo.Eso se llama instruir al lector.