- sep 30, 2006 • 12:47h
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Para quienes pudieran sentirse acomplejados con una dizque insularidad de la cultura cubana, la cancelación del Idomeneo de Mozart en la Deutsche Opera de Berlín demuestra, por el contrario, que uno de los (sub)productos culturales más representativos de la isla, la autocensura, es hoy la consigna del arte en el mundo.
En los casos —por citar sólo los más publicitados— de Salman Rushdie, las caricaturas danesas y las recientes declaraciones del papa, hubo fatwas y amenazas concretas. En Idomeneo, bastó una comunicación anónima. Artistas y público peligraban si la ópera subía a escena, luego de su estreno en 2003. Entonces sólo provocó abucheos, tanto de musulmanes como de cristianos. Y todo porque en el epílogo, el director de la puesta, Hans Neuenfels, presenta a Idomeneo, rey de Creta, portando las cabezas previamente decapitadas de Poseidón, Jesús, Buda y, desde luego, Mahoma.
En una deliciosa paradoja, los políticos alemanes, con la canciller Angela Merkel al frente, han acusado a los artistas de “cobardes”, conminándolos a presentar la obra. “Vamos a ir todos juntos a la función”, dijo Wolfgang Schäuble, el ministro del Interior. No obstante, ello no ha sido suficiente para que los del teatro se sientan seguros. “Si existe un nuevo plan policial, podríamos considerar incluir la obra en algunos días que permanecen libres en la temporada”, expresaba un portavoz.
Los artistas tienen mucho más miedo que los políticos. Son estos últimos quienes ahora están hablando que la “libertad de creación” está en peligro.
El miedo al Islam es justificado. “La policía nos informó de los incalculables riesgos que corríamos”, adujeron. El miedo es la clave de la autocensura.
Además de la autocensura (ya anticipada en el libreto de la ópera, con su leviatán devastador; uno de cuyos poderes es el de definir el significado de las palabras), otra contribución cubana al asunto es el de la “batalla de ideas”. Aunque en este caso el concepto haya sido utilizado por alguien del bando contrario. Fleming Rose, editor del periódico danés Jyllands-Posten —sí, el de las caricaturas—, manifestó: “Se les ha dicho (con la cancelación de la ópera) que sus tácticas funcionan. Es una victoria para los radicales, la cual debilita a los musulmanes moderados que son nuestros aliados en esta batalla de ideas”.
Sin duda, los cubanos todavía tienen mucho que aportar.
Isis Wirth
Munich




