castrismo Cuba soviética Cubazuela Cultura DD HH deporte disidencia economía EE UU-Cuba En Cuba España-Cuba exilio historia y archivo Internet & ITC

PD

exilio

PD en la red

Exilio y transición

  • Sep 04, 200615:32h
  • + comentarios

Demasiado tiempo. Desde 1956, en que orquestó “el affaire Moncada”, hasta este minuto, Fidel Castro no le ha dado tregua al espacio público. Ubicuidad enredada en una bicromía que se ha fugado del verde olivo al rojo mangle (así como nosotros nos hemos fugado de ti. Amén).

Esa longevidad ha provocado que los cubanos percibamos como “Naturaleza” lo que realmente es “Historia”. Es decir, hemos asistido al nacimiento y muerte de muchos eventos, pero siempre en el contexto invariable del castrismo; por este motivo le adjudicamos a su régimen efectos que dependen de un nivel superior, como la presencia misma de Castro.

En Miami muchas veces repetimos la frase: “Oye, pero esto es como en Cuba”. Y es cierto, porque la maldad y la bondad humana no las inventó Castro, aún cuando estemos entrenados en percibirlas como si fueran sus dones exclusivos.

Algunos fenómenos “naturales” revisten para nosotros la apariencia de “logros de la Revolución” o, por el contrario, de “logros del Exilio”. Ya lo decía: el tiempo transcurrido es demasiado. Hace tanto que Castro está en el poder que, por ejemplo, precede al uso público de Internet. No hubo, no podía haber Internet en la época de Machado, por lo que las pocas computadoras que hay en Cuba, en efecto, entraron en “la era de Castro”. Lo anterior no es un logro de la Revolución sino una fatalidad de la longue durée.

Por lo mismo, no estamos aquí “gracias” o “por culpa” de Fidel Castro. La emigración a los Estados Unidos es un fenómeno postmoderno, que incluye todas las nacionalidades. No se dice mucho, pero en Estados Unidos también hay ciudadanos daneses, canadienses y españoles sin papeles. Cualquiera que lea el prólogo a la primera edición alemana de Das Kapital (Londres, 25 de julio, 1967) puede comprender las razones de este corrimiento del enigma capitalista desde Inglaterra a Estados Unidos.

Algunas personas en Miami sostienen la creencia de que una criatura expuesta por tantas décadas al castrismo incuba una suerte de gen adquirido. Un gen maldito del que hay que protegerse. La actitud defensiva ante sus portadores es lo que llamamos “racismo de sociedad”.

La definición de “cultura” que daban las escuelas de sociología era bastante ridícula: valores humanos de transmisión extrasomática. Pero así visto, la relación entre biología y sociedad quizás sea más estrecha de lo que estamos dispuestos a reconocer.

Aunque no en la misma proporción, creo que de cualquier modo a esta altura igual hubiéramos estado aquí. La existencia de una comunidad cubana próspera y pluricultural en el seno del imperialismo mundial se catalizó por un evento político, pero tiene causas más profundas.

Sin la enemistad de su embajada, sin la vigilancia extraterritorial de los policías de Castro, sin las concesiones bochornosas que hay que hacer para visitar la isla, la vida de la comunidad cubana en los Estados Unidos podría estar más compensada. Por eso es que un cambio democrático en Cuba le conviene a todo el mundo, incluyendo a los que vivimos aquí.

Emilio Ichikawa
Miami

Ilustración © Arturo Cuenca

Publicado en
0 respuestas
Comentarios