- ago 07, 2006 • 19:25h
- + comentarios
1
¿Conocéis la historia del hijo maltratado, su madre y su padre? Es una historia antigua de cuando los padres eran realmente dueños de sus hijos y no se conocían las demandas judiciales por maltrato. A todos los efectos, una historia reciente en gran parte del mundo. Trata de un hombre que ha crecido odiando a su padre. Su padre merecía ese odio porque era un maltratador y había pegado a menudo tanto al niño como a su madre. Al llegar a la mayoría de edad, el protagonista de la historia se fue de su casa pero nunca perdió el odio que le inspiraba su progenitor. Con los años cuidó de su madre, que a su vez había cuidado de él y le había protegido cuando niño, y al llegar su momento la enterró. Adoraba a su madre pero no vertió ni una lágrima por ella en su entierro. Por el contrario, al enterrar a su padre muchos años después, lloró amargamente… Había descubierto que todo lo bueno y lo malo que había hecho a lo largo de su vida había sido inspirado por el odio. Con la muerte de su padre perdió el motor que le había impulsado a buscar objetivos cada vez mayores y se sintió vacío.
Os preguntaréis qué tiene esto que ver con la muerte de Castro. Absolutamente nada. Ninguno de los cubanos que conozco va a llorar cuando muera Castro.
2
Cuando vivía en Miami, antes de tener TV por cable, cuando tenía sólo una de esas antenas de conejito, a veces me llegaba la TV cubana. No era fácil agarrarla y cuando lo hacía me quedaba hasta la madrugada mirando el espectáculo fascinante de una sociedad involuntariamente cerrada, en la que la gente no podía sino mirarse al ombligo. Era hipnótico y estremecedor. Los noticieros, sobre todo, eran impresionantes. Todos me traían victorias del proletariado cubano de dimensiones auténticamente universales que el resto del mundo se obstinaba en ignorar. Un año pude ver un reportaje sobre los contingentes que habían acudido voluntariamente obligados a la zafra. Uno de los entrevistados era un guajiro que dijo sencillamente que él había ido a cortar caña porque era su deber. Poco más. El siguiente era el responsable de un grupo de funcionarios procedentes de un ministerio (Cultura, Comunicaciones o algo así… No lo recuerdo pero sé que no eran del Ministerio del Interior porque esa gente está ocupada durante todo el año). Preguntado sobre su tarea durante la zafra, el hombrecillo respondió con un vibrante discurso. “La Patria, la Revolución y nuestro Comandante en Jefe nos han confiado una misión y nosotros no teníamos más alternativa que la victoria. Los parámetros establecidos por las autoridades han sido implementados dentro de los plazos previstos. La Patria nos llamó y nosotros dijimos presente. Patria o Muerte… Venceremos”. Todo eso por cortar un campo de caña. Todavía no sé si se estaba riendo del lenguaje del régimen o si se lo creía. En cualquier caso, basta de entrevistar a ciegas a gente sosa que no sabe qué decir: ese es el cubano que yo quiero que nos informe sobre la salud de Castro.
3
Por extraño que parezca, las agencias de noticias me dejan saber que “los católicos cubanos” –¿todos?– rezan por Fidel Castro. Para muchos católicos, el mundo es sólo un lugar de paso al que venimos a sufrir y hacer méritos para el otro mundo. Lo que, supongo, hace de Castro un valiosísimo ayudante del Altísimo. Así “los católicos cubanos” rezando por Fidel están rezando por alguien que ha liberado de tentaciones y pecados –de la gula, por ejemplo– a millones de cubanos… Rezando por Fidel están realmente rezando por los cubanos que cuanto peor lo pasen “aquí” más fácil tendrán el paraíso “allá”. A fin de cuentas, después de toda una vida en el Purgatorio los cubanos tendrían que entrar directamente al cielo.
4
¿Conocéis la historia de la viejita romana a la que un emperador de los años de decadencia sorprendió haciendo sacrificios por su salud? Sin identificarse ante ella, el Emperador le pregunto por qué era tan fiel, cuando eran tantos los que parecían odiar al César reinante. Y ella le contestó que había rezado por la muerte de sus tres antecesores y que cada César nuevo había sido peor que el anterior. Ella ahora rezaba para que el que reinaba lo hiciese por largos años. Simplificando mucho: a Machado le siguió, con algunos intermedios, Batista; a Batista directamente Fidel… ¿A Fidel? Lo que hace inútil la historia, en lo que a Cuba respecta, es que nadie podrá superar a Fidel. Asumamos que a Fidel le seguirá, aunque sea por breve tiempo, otro dictador. Ni ese dictador durará 48 años, ni podrá superar la destrucción causada por Fidel. Para que alguien pudiese superar a Fidel tendría que tener a su disposición un país próspero –si no rico– al que arruinar, una sociedad mínimamente estable a la que destruir, unas familias a las que dispersar. Por fiel a Castro que sea su sucesor nunca podrá sino derribar restos de casitas donde Fidel asoló ciudades.
5
Me encanta la TV. Pero a veces es innecesariamente cruel. ¿O no les parece cruel ir por las calles de la Habana Vieja entrevistando gente al azar? ¿Qué esperan que conteste esa gente criada/creada dentro de un sistema policial, que además aún sigue en pie, cuando se le pregunta por la salud del Coma andante? Claro que todos quieren a Fidel como a un padre… Y a propósito, ¿conocéis la historia del hijo maltratado, su madre y su padre? Es una historia antigua de cuando…
Juan Carlos Castillón
Barcelona






