castrismo Cuba soviética Cubazuela Cultura DD HH deporte disidencia economía EE UU-Cuba En Cuba España-Cuba exilio historia y archivo Internet & ITC

PD

castrismo

PD en la red

Castro neobarroco

  • ago 07, 200618:43h
  • + comentarios

A la tercera, ¿va la vencida? Es muy pronto para asegurarlo, pero ningún festejo es exagerado. Primero fue el desmayo en el Cotorro el 23 de junio de 2001; luego, aquella aparatosa caída el 20 de octubre de 2004 en Santa Clara. Ahora, el anuncio de su operación. 1 de agosto de 2006: otra fecha para recordar.

La Batalla de Ideas, que en su curiosa “Proclama” el Comandante insta al pueblo de Cuba a continuar, nos ha dejado la gratísima evidencia de su irreversible deterioro físico y de la mengua de sus facultades mentales. Al mostrarlo insistentemente ante las cámaras de televisión en mesas y tribunas, nos ha regalado desmayo, caída y chochera, acompañados de las caras de miedo de sus secuaces del gobierno y sus títeres de la mesa redonda.

Llamándolo “accidente de salud” el anciano dictador pretende ahora asimilar su gravedad a la caída de hace dos años; huye del fantasma de la enfermedad, que circuló hace pocos meses con los rumores sobre su Parkinson. Si después del desmayo en público dijo que debido al calor lo mismo le había ocurrido en aquel acto masivo a varias decenas de personas, ahora, con idéntico descaro, atribuye su quebranto sanitario a las horas de trabajo y al estrés.

En aquellas dos ocasiones estuvo enseguida ahí para asegurar a la gente que estaba “entero”, cuando el desmayo, y para dar minuciosos detalles sobre la cirugía ortopédica, cuando la caída: recordemos aquella carta en que contaba a su pueblo que decidió no utilizar anestesia general sino raquídea para así no perder “un minuto” de trabajo y seguir dirigiendo, desde su cama de convaleciente, todos los programas de la Revolución.

Ahora, el “accidente” no ha sido ante las cámaras, pero, forzado como estaba por la expectativa de su aparición pública en los festejos por su ochenta aniversario, ha tenido que hacerlo público. He aquí entonces esta curiosa “Proclama al pueblo de Cuba” que en su lugar ha leído su secretario personal, en un claro intento por trasmitir algo de la característica presencialidad del Comandante.

Pero este poder ha perdido el aura que le quedaba: la nobleza, la dignidad y la fuerza, inscritos en el cuerpo y los gestos del monarca, se han esfumado con este sangramiento intestinal. Como Cristo lo retrató hace una década Guayasamín, no sin un cierto aire a Bin Laden –desencarnado como los campeones del Espíritu y los representantes de la Pureza–; ahora sus intestinos nos lo devuelven visceral: cuerpo corruptible y corrompido.

Incapaz de controlar la enfermedad, Castro pretende dominarla documentándola: de su tratamiento médico dice que hay detallada constancia en “radiografías, endoscopías y materiales filmados.” El ansia totalitaria de conocerlo todo hasta en los menores detalles, característica de su oratoria siempre plagada de cifras exactas y nimiedades sin cuento, es aplicada ahora a su propio cuerpo enfermo. Nos promete un recuento tan gráfico como aquel de la reconstrucción de su rodilla izquierda, asumido con la minuciosidad con que se enfrentó a los ciclones del verano pasado y con que acompañó el anuncio de la distribución de las ollas arroceras.

No falta ni la hora exacta en que firmó esta “proclama” que, desde luego, no es tal, como no sea, involuntariamente, la del fin de su dictadura. Proclama, Batalla de Ideas, Patria, Revolución, Socialismo, Victoria: ya sólo quedan las palabras. Si antes el horror vacui de su oratoria era barroco, pues tenía tras de sí la autoridad del carisma y de la presencia del soberano, ahora lo que “expresa” es un vacío propio: Castro se ha vuelto nuestra máxima figura neobarroca.

Duanel Díaz
Madrid

Publicado en
Tags
0 respuestas
Comentarios